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El Zángano de Génova


Rajoy

El hacendoso Rajoy

No hay manera. Alguien ha decidido que durante cuatro años, se va a dedicar a disfrutar del sueldo que le pagamos, vegetando hasta que, según sus cálculos y los de sus melífluos asesores, el ansiado sillón le caiga bajo las posaderas. Yo ya dudo de que el zángano salga siquiera de la colmena de Génova. Tendrá la Moncloa que trasladarse, más bien.

El zángano es el mal menor, eso es cierto. Yo no me atrevería siquiera a decir que es “voto útil”. Digamos que en condiciones normales sería el voto “menos inútil”. Pero no deja de ser irritante que un amplísimo sector de la sociedad, ávido de ver defender públicamente y sin complejos su ideario para enfrentarlo al rival político, tenga que votar tapándose la nariz.

Como cualquier perezoso, ha renunciado a las ideas en pro de un pragmatismo hoy infumable. Por eso le suceden cosas, como que el figurín González Pons, se preste a convertir los mítines de un partido liberal-conservador en una asamblea de púberes pro-revolución antisistema. No se le pueden pedir peras al olmo. Pons da bien en la tele y poco más. Se acabó.

Lo cierto, queridos amigos, es que al que suscribe, más que votar, le entran ganas de dar una patada a la mesa de las papeletas.

Hoy, en Abril de 2011, España necesita como nunca la traza clara e inequívoca de un ideario. Unos principios que permitan que una sociedad hundida económica, moral e intelectualmente como la que somos, recupere el pulso y acepte las medidas que se le van a exigir. Porque también, cómo no, todos tuvimos que ver con lo que ha sucedido, aunque seamos expertos en mirar al de al lado. Puede ser banquero, abogado, empresario o intermediario.

El zángano ignora que, cuando sus nalgas toquen silla, tendrá que explicar los principios que sustentan lo que va a pedirnos. Y ahí, no valdrá ya la niña que habla inglés. Ahí va a tener que contar qué hay detrás del sacrificio y para qué lo hacemos.

Yo se por qué el zángano no desea poner en el tapete ideas. Es porque en el fondo, en esencia, no tiene ninguna idea que contraponer a lo que ahora sucede. El zángano sigue pensando que saldremos de la crisis protegiendo los derechos amparados bajo el peso inmenso del gasto público. Qué cosas.

Rezo a todos los dioses del Olimpo para que terminen el trabajo, y ya que parece que nos van a librar de Soso Circunflejo, que por poquito más se quiten de enmedio al zángano. Un fracaso en las municipales sería mano de santo para que quienes pueden empujar el carro de las ideas puedan tener cierta base de esperanza. Lo necesitamos.

Y es posible, que las ideas de responsabilidad, de considerar que el vecino no tiene por qué pagar mis cagadas, de que quiero tener la libertad de elegir (pagando sólo aquello que he elegido), de que no quiero que me frían a impuestos para vivir a costa de mi expolio… es posible, digo, que sean estos principios de libertad y de capacidad de decidir los que guíen de nuevo a esta sociedad hundida, fuera del agujero donde se lleva dirigiendo durante siete años.

Tenemos socialdemócratas de izquierdas,  y ahora tendremos socialdemócratas de derechas. De guatemala a guatepeor.

Bueno, peor, lo que se dice peor no puede ya ser.

Rog

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