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Cercas, Rico, Espada y la impostura progresista


Este hombre de la foto es Francisco Rico. Habitual de El País.

Para defender la Ley Anti Empresas del sector Hostelero, más conocida como Ley Anti-Tabaco, afirmó en un artículo que nunca había fumado.

O el tipo del photoshop es un auténtico virtuoso sin otro oficio que pasar horas creando realidades virtuales, o Francisco Rico Mintió, como puede verse.

Francisco Rico es encuadrado dentro de la corriente de los denominados ficcionalistas. Es decir, aquellos periodistas y escritores que defienden la mentira, si con ella se sostiene y refuerza una verdad. O lo que ellos determinan como verdad.

No se hasta que punto esto tiene sustancia. Si has de mentir para defender una verdad, a lo mejor es que no es una verdad.

A este hombre, por mentirosillo, le afearon la conducta lectores y colegas de oficio.

En su defensa salió un colega de redacción. Un tal Javier Cercas. Javier Cercas no permite nunca que la verdad le estropee una buena ficción, si es necesario. Cercas se ha manifestado claramente en ese sentido, y ha sido reprendido hasta por la directora del lector de su periódico. El pravda patrio de los progres que no desean gastar una exigua materia gris.

Arcadi Espada le ha ofrecido con esa manca finezza que le caracteriza, un buen cazo de su propia poción ficcionalista. Digamos que Cercas no opina de un modo simétrico cuando es él el que crea la ficción o si es él mismo el objeto de la ficción. No parece gustar de aquello que tanto defiende para otros.

Pero me interesa, sobre todo, el impulso ficcionalista de la progresía contemporánea española.

Todos los que superamos los 40 hemos vivido (con uso de razón -mas o menos-) el 23F. Y tenemos en nuestra retina imágenes de lo que sucedió al nuestro alrededor y lo que vimos en los medios. Medios que todos consumíamos con ansiosa avidez, como es lógico.

Existía, mayoritariamente, una gran preocupación. No era una preocupación por la Democracia, sino por la paz social. Anidó verdaderamente un terror feroz a un enfrentamiento civil como el de 1936. Había pasado demasiado poco tiempo desde la muerte del dictador, y aún se adivinaban, quizá ensordecidos adrede, los ruidos de sables. Nunca escuché hablar de derechos, sino de seguridad y de integridad física. Lo cierto es que España, sociológica y mayoritariamente, se había acomodado al franquismo. No quiero decir con ésto que toda España fuese franquista. Sino que (y esto es literal), la mayor parte de la ciudadanía prefería transigir escuchando sonrientes el Cara al Sol, a cantar “Al las barricadas”. Un sentido extrañamente pragmático del que nunca antes los españoles hicieron gala. De hecho, furibundos antifranquistas del 2010 (antes de ayer, mas de 30 años tras la muerte del dictador, eso sí) medraron ostentosamente durante el gobierno de Franco. Podemos preguntar a insignes periodistas y editores. Incluso cantautores y folklóricas. Todos se desgarrarían las camisas leyendo este párrafo.

Porque lo que han querido pintar es una época negra, terrorífica, teñida de sangre, muerte y represión. Epoca en la que los mismos comunistas, para burlarse del régimen, jugaban con el término “dictablanda”. Hasta a ellos, que tenían 3000 presos políticos en las cárceles, pensaban que era un régimen lights. A los socialistas ni se les conocía entonces, estarían haciendo méritos para sus 100 años de honradez en algún desierto donde no hubiese posibilidad de trincar ni dátiles.

Sin embargo, el ficcionalismo embarga a la progresía bienintencionante que se crece animada ante la enorme crisis que sus ruinosas ideas nos han labrado. A la sombra de ese baño de sangre ficticio en el que convierten mediante la literatura subvencionada a una dictadura autoritaria, cutre y  (eso sí) eterna, crean heróicos luchadores que jamás existieron. Valientes abnegados que sólo son la imagen que a los inventores les hubiese gustado tener de ellos mismos. Porque al fin y a la postre, uno es el juez más implacable de sus propios actos. Crean, resentidos, sus propias mentiras.

Por eso, el elenco mediático progresista precisa de la ficción. La misma ficción que le hace a la Ministra de Defensa afirmar que empaquetó los papeles sospechosos que sus padres guardaban en casa durante el 23F, para esconderlos…. cuando sólo tenia 9 años!!. O que hace a Garzón afirmar que, en su pueblecito de Huelva, esperaba en casa vigilando con unos prismáticos al cuartelillo local de la Guardia Civil, mientras escondía papeles “que no eran del juzgado” en otros paquetes. El juez ofreció cobijo a sus vecinos, que acudían aliviados a sus pechos para busca protección…nunca dijo cuántos vecinos acudieron bajo su ala protectora. Cincuenta, diez…dos.

Sólo les hubiese faltado a ambos, poner en el papel de los paquetes:  ” ¡ ojo, documentos de libertad clandestinos. Fascistas no abrir !”. Y su valentía habría quedado más que demostrada.

Rog

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Categorías:Uncategorized
  1. Nepomuceno
    marzo 24, 2011 en 1:41 am

    Viejo zorro. Ya no se si eres o no, busco a Juanjo. Me he acordado viendo latabernadelpuerto en su version old, que tiempos aquellos. Si estas vivo o solo eres un ente pues ahi tienes mi correo. Espero te vaya bien. Recibe un cordial saludo.

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