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Keynes y la Estafa piramidal de Z


Keynes

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A principios del Siglo XX, un avispado italiano puso en práctica una estafa consistente en involucrar paulatinamente un número mayor de estafados. Podía así mantener durante un tiempo los ingresos, y con parte de ellos abonar los beneficios prometidos a los primeros participantes. Dichas víctimas, al comprobar que lo prometido se cumplía, constituían la mejor propaganda para el estafador. Y la pirámide iba creciendo, permitiendo así pagar a más y más estafados que actuaban como alegres agentes comerciales.

Un siglo después Bernie Madoff (cabeza de turco y símbolo mundial de las causas de la crisis -para los que compraron esta idea-) tuvo exito haciendo lo mismo. En los timos, se produce casi siempre una pequeña justicia divina. El estafado lo es, porque su codicia le impulsó a ello. Si nadie hubiese querido robarle a un retrasado, caracterizado por el inmortal Toni Leblanc, el timo de la estampita sería inviable.

Nuestro gobierno está queriendo jugar al timo de la estampita con inversores de todo el mundo. Pero no les funciona. De ahí el asunto de los tiburones, las alimañas financieras, los ataques a la numantina España, etcétera. Es decir, que nadie nos presta pasta porque no creen que se la podamos devolver. Y puede que estén en lo cierto. Cualquier entidad financiera, tiene la obligación de asegurarse de que podrá recuperar la inversión y obtener beneficios. Si no es así, no presta. ¿Prestaría usted?.

Para pagar nuestro brutal endeudamiento, ofrecemos lo que se denomina deuda pública. Es decir, que pedimos dinero al mercado financiero ofreciendo un interés en su devolución. El interés que tenemos que pagar en España para que nos presten es el doble que en Alemania. ¿Por qué? porque gastamos el doble de lo que ingresamos, y eso es un mal dato de cara a preveer que podamos pagar. ¿Qué hacemos? emitir más deuda pública para pagar los intereses, de modo que para el siguiente vencimiento (en Junio) tenemos que pedir dinero o fallaremos al pago de lo que debemos a los que nos prestaron. Pero si conseguimos ese dindero, sólo habremos postpuesto y agravado el problema, porque crecerán los intereses y el próximo plazo será aun más difícil de cumplir.

La asamblea de púberes revolucionarios que nos gobierna no entiende muy bien qué está pasando. Ni (como ya dije) los fundamentos de la crisis. Han descubierto que el dinero no crece en un huerto como si fuesen melones, y que cuesta esfuerzo conseguirlo. Oyeron hablar de Keynes y su sectarismo exacerbado les llevó a gastar 8.000 millones de Euros en que los dilapidasen los Ayuntamientos. Esto se supone que tendría un efecto multiplicador por la dinamización del mercado y bla,bla,bla. Como dijo Hayek: ni de lejos. Sólo tenemos 8.000 millones de euros menos, y un montón de pistas de pádel, spa y carriles bici.

Los países que se endeudaron más para intentar reactivar sus economías son los que peor lo están pasando ahora: Grecia, Portugal y España. Después del desastre que nos va a tocar pagar gracias a Z y su mariachi de iletrados, el G-20 (que ya vuelve a ser 20) ha determinado que podemos enterrar con tranquilidad a Keynes. Bendita hora.

Hayek renace con fuerza y con él la escuela Austriaca de economía. Los países que lleven ese sendero, tendrán éxito. Sólo hace falta reformar el sistema bancario, pero no para que se controle más y haya más entidades gubernamentales vigilando, sino para que por cada euro prestado, haya un euro depositado en una cuenta corriente. Y no treinta euros por cada euro de los de verdad. Esto hará que los gobiernos se aprieten el cinturón y tengan que hacerse más pequeñitos. Lo cual es excelente para nuestra libertad.

Tenemos que celebrarlo.

El sistema socialdemócrata europeo de derechos de unos a costa de otros, de partitocracias voraces, de superestructuras estatales desaforadas, de mil administraciones chupópteras, de dinero de mentira siendo dilapidado para conseguir votos, se viene felizmente abajo.

Y a partir del día de la fecha: que cada perro se lama su pijo (con perdón). Yo me subo al tejado con mi cítara otro día más a ver arder Roma mientras canto poemas incantables.

Rog

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