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Prostáticos funcionarios


Villarejo

Jimenez Villarejo

Creo que es falso que las dos Españas hayan vuelto a resucitar del polvo de la Historia. Si, Historia con mayúsculas.

Ha resucitado el zombie de siempre. La caspa de la cheka. El hálito totalitario de quienes sólo reconocen sus derechos y se los niegan al rival político. Y ellos a su vez han resucitado a sus propios fantasmas. Ante el erial ideológico que les condena a la mesa del taxidermista  a corto plazo, sólo Franco les insufla de nuevo el postrer suspiro vital. Nunca agradecerán al ya bien difunto general todo lo que han podido medrar a su costa.

Pepe García Domínguez los definía con cruel y justa precisión: la izquierda prostática.

Un rector que defiende la libertad de expresión… de quienes insultan y agreden a la derecha y (por supuesto) de sí mismo, cuando los estudiantes le increpan a él. Que proclama expresarse como ciudadano de “a pie”, eso sí, empleando los recursos públicos, salones de actos y medios de una Universidad pagada por todos. Incluso por aquellos a quienes maltrata con su indiferencia cuando son agredidos allí donde él tiene autoridad. Incluso por aquellos a quienes les niega los derechos que garantiza a todos la Constitución. Y si pudiese les negaría el pan y la sal.

Un rector que, como todos los zombies conjurados, brumas de una dictadura anacrónica de un proletariado del que sus orondas panzas les sacaron hace años, ignora por completo lo que la palabra Democracia quiere decir. Por la sencilla razón de que nunca creyó en ella. Pensó que la Democracia eran él y los suyos, y que podía excluir todo lo que no le gustaba. Y nunca llegará a saber que eso no se llama así, sino totalitarismo.

En el atrezzo sesentayochista del sainete, sólo faltaban los grises. Una lástima. Pero resulta casi inevitable. Un cuerpo de 6.000 agentes de la dictadura que corrieron detrás de treinta millones de estudiantes. Todo un cuerpo de atletas. Porque no hay nadie en España que no haya corrido delante de los grises (¿o era detrás?). Ya se sabe que los deportistas de élite tienen una vida útil corta por la intensidad de su actividad. Por otra parte un alivio para los nutridos funcionarios juramentados. Ni Emidio Tucci hubiese sido capaz de conseguir una corta carrera de tan fláccidas y apoltronadas piernas.

El rector escoltaba a un furibundo y senil ex fiscal. Señaló con dedo acusador a jueces en funciones como fascistas y cómplices de torturas. Debe saber bien de qué habla, lo ha denunciado reiteradamente a lo largo de su vida laboral. Entró en la judicatura en los años sesenta, mientras gobernaba ese terrible, sanguinario y cruel dictador que tanto denosta. Como fue público y notorio, sus autos se opusieron diametralmente a los sádicos designios franquistas, que encontraron allí la horma de su zapato. Un héroe antifranquista al uso, como todos los congregados. De todos es sabido que ese régimen permitía siempre el acceso a los cargos gubernamentales y jurídicos de los opositores políticos. Razón por la cual el Sr. Villarejo pudo engañar al generalísimo y sus secuaces, haciéndose pasar por franquista. Todo un alarde de mimetismo que tanto sufrimiento le causó en los comienzos de su carrera profesional. Nunca agradeceremos lo suficiente su sacrificio.

Ahora posa con gesto obstinado ante los medios de comunicación del redivivo movimiento, como entonces, en un gesto de rebeldía casi juvenil, haciendo frente al oscuro Tribunal con valor y decisión, aún a riesgo de su integridad física, como es público y notorio. Como entonces. Una pena que los Tribunales ya no sean lo que eran, porque no le van a dar al pobre hombre ni un titular más que los necesarios para que quede en evidencia que nadie le hace ni caso.

Y, cómo no, en estos cocidos siempre aparecen dos trozos de tocino: el Sr. Méndez y el Sr. Toxo. Ejemplos de trabajo, dedicación, entrega, dura lucha obrera y defensa feroz donde las haya de los trabajadores (liberados). Es absolutamente enternecedor verles allí a los dos, cuchicheando y pegándose sus risitas, mientras el Gobierno presentaba su propuesta de reforma del mercado laboral. Pero ellos saben que donde de verdad son necesarios no es allí donde el empleo llame a la puerta. La causa contra Franco es prioritaria. Tan prioritaria que cinco millones de parados pueden muy bien esperar (tampoco tienen otra alternativa, a decir verdad). Lo importante era la fotografía con la efigie del Juez bajo la enseña de ese ejemplo de paz, democracia y respeto por la Ley que fué la Segunda República. Allí, como todos saben, los sindicatos (y los partidos de izquierda) defendían la democracia (y nada más) todo eso del PCUs y de los partidos satélites europeos era sólo un mito urbano.  Eran verdaderos y convencidos demócratas. Pero luego llegó Franco aupado por los ricos y mató a muchos pobres. Tal es la verdad histórica. E hizo muchos males. Muchos. Incluida una ley laboral que nuestros demócratas sindicatos defienden a capa y espada. Una ley franquista que les otorga unos privilegios que no están dispuestos a abandonar, y por los que son capaces de dar la espalda a cinco millones de trabajadores para retratarse con la tricolor y la carcundia circundante.

Y del resto de la caspa, mejor olvidarse.

Pero todos ellos tienen un nexo que les une y les unge a la vez. Un hecho que les señala y les otorga la legitimidad y la autoridad moral necesarias para instituirse en jueces de los jueces. Un hecho que disipa toda duda acerca de sus motivaciones y sobre la génesis final de su lucha perenne.

Todos ellos, sin excepción, cobran del erario público. Sólo son funcionarios.

Un año para las próximas elecciones y la izquierda pone a sus paniaguados en marcha con la historia interminable. Ante la miseria económica de un modelo ruinoso e inviable sólo Franco puede agitar la voluntad de voto de los melones eternos. Socialismo y franquismo tienen una misma raíz, que mutuamente se niegan: el colectivismo, el único enemigo soterrado de la libertad. Son las dos caras de la misma moneda.

Rog

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Categorías:Uncategorized
  1. Martín Quevedo
    abril 16, 2010 en 7:19 am

    Estimado Rog,
    Te has superado a ti mismo en este retrato de la chusma descerebrada, alcanforizada y totalitaria.
    Saludos.

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