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Zelatero y Zapalaya


La convulsión política en Honduras, ha tenido una respuesta irregular en la Comunidad Internacional.

El bloque de países constituídos por los totalitarios promotores del Socialismo Científico del SigloXXI (Morales, Chavez, Kirshner y demás calaña populista, muy de moda en el castigado continente Sudamericano), ha reaccionado con una violencia acorde con la sorpresa que les supone comprobar que el pueblo, aquellos cuyos intereses afirman defender, les ha dado un portazo en las narices.

Pero esta no es la lección más importante que puede extraerse de Honduras. Cuando las instituciones funcionan y existe una sociedad civil articulada, los macacos populistas no tienen ningún futuro. Esta máxima es la lección más dolorosa que Zelaya y sus padrinos han podido aprender con el más eficiente método didáctico que jamás empleó la Humanidad: orejas de burro y cara a la pared. A pesar de los votos, a pesar de las elecciones, un gobernante de un país democrático nunca tiene carta blanca para traspasar los umbrales que marca la Constitución de una nación, que está muy por encima del propio Gobierno. Esta lección no es nueva, y nos dice sin lugar a dudas que una victoria electoral no inviste de legitimidad cualquier acto que el gobernante decida llevar a cabo. Esta lección la aprendió el mundo occidental de un modo brutal y sangriento en los años 30 y 40 del siglo pasado. ¿La aprendió?.

Como siempre, hay quienes no han aprendido nada. Y, como siempre y a pesar de la tozuda evidencia, el progresismo snob ignora con persistencia los hechos, para poder sumergirse en su piscina de frases huecas y mundos virtuales. Nuestro presidente, no ha dejado ni un sólo día de nadar en la piscina de su propia estulticia. Sólo le puedo reconocer un mérito, y es el de ser acuñador de las más solemnes bobadas que se escuchan en los foros de la Comunidad Internacional. Es cierto que me causa vergüenza, pero no hay que dejar de reconocer que es un creador.

Su apoyo a Zelaya, salpicado de los lugares comunes que esgrime siempre que se ve delante de un micrófono (incluyendo las frasecitas de Kennedy o los términos altisonantes), tiene una lógica, y no es vacuo. Es satisfactorio comprobar que no siempre (aunque casi) tu presidente te deja en ridículo de forma gratuita. En este caso lo hace por una razón concreta. Aleluya.

Y es que Zapatero teme que lo sucedido con Zelaya pueda extenderse como una mancha de aceite entre los países que están hasta el gorro del que les gobierna, como nos ocurre a nosotros. La legitimidad que siempre esgrime Zapatero para torpedear la Constitución, ese código común que todos nos dimos hace más de 30 años y que tan poco le agrada, son los votos. Su victoria electoral. Sostiene sin rubor, que tal evento le inviste de una autoridad por encima de nuestra Carta Magna, y conspira con radicales y separatistas para quebrar el Estado y poder mantener así el poder en gran parte de los pedazos resultantes. Puede dormir tranquilo haga lo que haga, porque su conciencia está anestesiada por los votos.

Pero su castillo se derrumba en Honduras. Un pueblo con unas instituciones que han plantado cara al tirano. Tirano electo, pero tirano. Y si no es tirano aún, tenía el claro proyecto de serlo. Los Hondureños no han esperado a que les carguen de cadenas para quitarse de enmedio a la manzana podrida. Han preferido que eso, simplemente, no suceda. Y eso inquieta a Zapatero. Porque de algún modo, si la Comunidad Internacional acepta que un presidente electo pueda ser destituido por las instituciones de su país con la mayor naturalidad del mundo, él puede tener los días contados. Sólo hace falta que un par de magistrados cojan una gripe a destiempo en el Supremo o en el Constitucional. Se acabó el talante. Ya no valen los cheques con dinero público para comprar votos, no valen las mentiras ya manidas, desgastadas y conocidas, no vale ya nada. A la calle, buen hombre, y todos tan tranquilos. Y si finalmente se convocan comicios en Honduras y Zelaya queda fuera, a Zapatero le pueden temblar las canillas. No es que le vaya a pasar nada, pero va a tener que hacer un par de raciones más de la tarta del erario público para garantizarse el asiento.

Por eso Zapatero abandera la causa de Zelaya (imputado por corrupción y por robar al pueblo de Honduras) como si le fuera la vida en ello. Es que, realmente, le va la vida.

Rog

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Categorías:Uncategorized
  1. luiti
    septiembre 27, 2009 en 5:10 pm

    En cualquier caso, y sin conocer a fondo el tema hondureño, creo que los “golpistas” podían haber hecho mucho mejor las cosas.
    Y entonces ¡nuestro presidente!, si que se hubiera cagado.
    Un abrazo

  2. jose
    septiembre 29, 2009 en 6:30 am

    Querido Rog,
    Nunca, nunca, nunca, puede apoyarse un golpe de estado militar que se imponga a la voluntad del pueblo que democráticamente ha decidido tener ese presidente. La democracia consiste precisamente en eso, en dejar que el sistema se depure en las siguientes elecciones, y los militares tienen como obligación someterse al gobierno electo.
    Si pensamos otra cosa, no es democracia. Parece mentira que en España algunos no hayan aprendido todavía que eso solo significa la privación la libertad de los ciudadanos.
    ZP puede ser un inepto (que lo es), pero por mucho que queramos tendremos que aguantarlo hasta que cumpla su mandato, pero así lo ha querido el pueblo español. Por mucho que tú digas, se está ciñendo a la Constitución mucho más de lo que lo han hecho otros gobiernos en España, y no es precisamente por ahí como se irá anticipadamente (si es que se va).
    Así que por favor siéntate y piensa lentamente en la barbaridad que has escrito, porque va en contra de todos los principios de la democracia y del liberalismo que con tanto orgullo esgrimes siempre.

    Saludos.

  3. septiembre 29, 2009 en 7:01 am

    Buenos días a los dos, me alegro de veros por aquí. Espero que hayáis tenido un buen verano.

    Luiti. Muy torpe la expulsión. Bienintencionada pero torpe.

    Querido Jose, discrepo contigo 100%. La democracia como sistema de gobierno es un sistema de contrapesos equilibrados (cosa que en España no existe, dicho sea de paso). Tú describes el sistema de representación, pero la democracia es un sistema de gobierno.
    El sufragio no otorga carta blanca al gobernante para cualquier cosa. Es más, la acción del gobierno está limitada por la Constitución del país. Siempre pongo el mismo ejemplo, pero es porque siempre tengo que rebatir el mismo argumento: a Hitler le votaron democrática y libremente en su país, pero eso no legitima lo que hizo. Lo cual demuestra que un resultado electoral no hace legítima cualquier acción de gobierno. Ni mucho menos.
    En democracia, los tres poderes se vigilan y limitan uno a otro, con el objeto de que ninguno de ellos pueda ser opresivo para el ciudadano.
    De ahí que niegue rotundamente que en Honduras haya sucedido un golpe militar. No hay nada objetivo que indique que eso ha pasado. El ejército hondureño actuó bajo el mandato del poder judicial constitucional. No fue un golpe militar, fue una acción judicial. Cuando la policía hace cumplir una resolución judicial en España, por ejemplo, en un Ayuntamiento gobernado por ANV, no hablamos de golpe policial, porque actúan (como cuerpo de seguridad del Estado) bajo el mandato de los jueces, aunque se haya elegido democráticamente a esos ediles.
    Te recuerdo que el Senado de Estados Unidos, ha estudiado el caso y ha determinado que no se produjo un golpe de estado.
    De hecho, no gobiernan los militares, sino el que está previsto que lo haga en estos casos, según la constitución hondureña, el Presidente del Congreso: Micheletti.

    Saludos.
    Rog

  4. jose
    septiembre 29, 2009 en 10:42 pm

    Hola de nuevo Rog, también deseo que hayas podido disfrutar de tu verano.
    Un gobierno podrá ser destituido si como dices rompe con las reglas del juego, que en este caso es la Constitución. Esta claro que ser elegido democráticamente no otorga carta blanca, pero comparar el caso de ZP con Hitler o Zelaya es extremadamente exagerado y me parece un razonamiento poco estudiado.
    Como te he dicho, opino que ZP es un inútil y un zoquete, pero nos guste o no, ha sido elegido democráticamente y se está ajustando a las reglas del juego. No hay nada que justifique ninguna sentencia judicial que desemboque en una acción militar. Es más, que se le pase a algún español esa idea por la cabeza me parece deleznable. Puede gustarnos o no, pero creo que ya deberíamos a estas alturas haber aprendido que esa no esa la última, sino la que va detrás de la última opción.
    A los militares les suele gustar demasiado el poder y la privación de libertades (si no mira lo que ha tardado Micheletti en poner en estado de sitio su país), y yo personalmente, y creo que todos los que consideran que la democracia es el sistema menos malo, deberían estar en contra de la intervención militar en la vida política.

    Saludos.

  5. septiembre 30, 2009 en 12:07 am

    Jose, por supuesto que la mención de Hitler no intenta compararle con ninguno de los otros gobernantes. Sería una barbaridad, además de una injusticia.
    Lo que intento con el ejemplo de Hitler es demostrar que unos comicios no legitiman una acción de gobierno, simplemente legitiman una victoria electoral. No pretendo comparar personalmente a nadie con el Sr. Adolf.
    La acción de gobierno es legítima o ilegítima independientemente del resultado de los comicios y en función de que sea capaz de mantenerse dentro de las reglas del juego.
    Y yo, no comparto tu opinión de que ZP se esté ajustando a las reglas del juego, por muchas razones. Creo que en muchas ocasiones las bordea, cuando no se las salta directamente.
    En los países democráticos, los ejércitos son instrumentos de las instituciones. Con esto quiero decir que no tienen “decisión propia”, sino que están siempre sometidos a las órdenes de las instituciones: el Parlamento, el Poder Judicial… luego una acción de las fuerzas armadas en un país democrático es siempre una acción institucional, o de lo contrario es un derrocamiento de las instituciones del Estado. Como el poder en Honduras sigue en manos de las instituciones democráticas, no puede hablarse de golpe militar, aunque el ejército haya actuado (a las órdenes siempre del poder judicial).

    Micheletti no es un militar, es el presidente del Congreso Hondureño. Un cargo civil como podría ser José Bono en España. Y el Estado de sitio es una medida extrema, que lo único que ha pretendido es evitar un enfrentamiento civil. De hecho le han aguado la fiesta a Chavez y Zelaya, porque apenas 500 personas secundaron la famosa manifestación que iba a llevar en volandas al depuesto presidente para sentarle de nuevo en el sillón.

    Te recuerdo, Jose, que las noticias que recibimos de Honduras tienen un objetivo claro: desprestigiar a Micheletti y devolver al poder a Zelaya para instaurar una dictadura afín al eje bolivariano al estilo de las que se están conformando en américa latina en los últimos años. Probablemente el 80% de la población esté en contra de Zelaya (hasta su propio partido lo está), pero mientras llegan o no los comicios de Noviembre, ya convocados por cierto (esto no ocurre en los golpes militares) Chavez está financiando la agitación social y el matonismo en Tegucigalpa, con la inestimable colaboración de Zelaya, instalado en la antigua embajada brasileña.
    El gobierno Micheletti aguanta como puede, y hasta la fecha no lo ha hecho mal. A pesar de toda la propaganda que ha puesto en contra a la mayoría de los países occidentales.
    Pero que se puede esperar de un grupo de pusilánimes como los que gobiernan Occidente. Sólo me cabe un consuelo, y es que nuestra decadencia está cercana y con suerte los bárbaros nos arrasarán antes de que podamos lamentarnos. Ya se sabe, ojos que no ven…

    Saludos.
    Rog

    PD: Yo no estoy en contra de la intervención del ejército en la vida política, si es un ejército democrático y está comandado por las instituciones que pueden hacerlo. Para eso está el ejército.

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