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Maruja traga…


No es que no haya cosas sobre las que reflexionar. Muy al contrario.

Pero la aparición de Maruja Torres en la sección de Opinión es un estímulo que me provoca un irrefrenable impulso de escribir. Nunca me ha defraudado mi personal musa, y creo que a estas alturas no lo hará ya nunca. La cabriola dialéctica de hoy, como siempre, no tiene precio. Y es, como marca la tradición, un compendio espeso y salado, como el caldo de un cocido en el que hemos olvidado dentro de la olla el chorizo y la morcilla, saturándolo de lípidos. Un texto ajado y caduco como el humor de los carteles de propaganda de la Guerra Civil. La letanía religiosamente recitada de los tópicos con los que muchos intentan ocultar la indigencia de sus ideas. Una ironía desapegada del ingenio, toda una antítesis. Maruja en estado puro.

La depurada técnica de la columnista, habiendo dejado de ser un misterio,  me provoca un sentimiento de conmiseración hacia quienes sólo tienen para sostener su cosmovisión algo así como la escena del camarote de los hermanos Marx. Escena de la que extrapolan el origen del universo y los misterios de la mente humana en la misma sesión, con un resultado bastante triste. Porque, no nos engañemos. A Maruja no le va a estropear una columna la tozudez de la realidad. ¡ Qué supuesto tan materialista !.

Maruja ha sabido (probablemente porque leyó la primera frase del titular) que en France Telecomm se desata una oleada de suicidios. ¿Pueden imaginárselo? Tal cantidad de jugo en un vaso tan pequeño. El mundo, finalmente, a los pies de su pluma redentora. El mercantilismo salvaje, el capitalismo salvaje, el beneficio salvaje, el despido salvaje… ni el Amazonas podía haber proporcionado tal variedad de salvajismo. Ha tenido que babear lo suyo delante de la noticia; un filón.

¿Adivinan quien sostiene la soga de los desdichados de France Telecomm?… ¡ siii !, el mercantilismo. Uno de los pecados capitales del credo socialdemócrata, que como todo el mundo sabe, cuando alguien lo profesa, renuncia inmediatamente a recibir remuneración o estipendio alguno o incluso a los premios de la Bonoloto. Pero Maruja, que construye en torno a lo sucedido la eterna y poco innovadora teoría del capitalismo fagocitario (tiene casi tres siglos, casi nada) se equivoca en un puntito. Ella teme, temerosa, que la ola traspase las fronteras y llegue a depositar la espuma de sus olas turbulentas tan cerca de sus pies que la moje, que la alcance por contagio y se vea forzada a colgarse de un bonsai sin darle tiempo siquiera a aprender a hacer el nudo correctamente.

Pero es un temor infundado.

No hay estado más ventajoso en España (excepto en algunos casos tristes y traumáticos) que el del desempleo. Y dudo que muchos de los que disfrutan del privilegio de cobrar sin trabajar por voluntad propia, tengan intención alguna de salir del bar para perder el tiempo suicidándose. Es una soberana chorrada. Se perderían el partido del Madrid.

Rog

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