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La democracia herida


Alfonso Guerra González

Alfonso Guerra González

Hace ya algunos años, tuve la santa paciencia de leer medio libro de Alfonso Guerra. El título del libro es el que encabeza este post: “La democracia herida”.

En su libro, Guerra desarrolla su tésis por la que sostiene que los procesos electorales de los países democráticos, en los que la libertad de expresión y la libertad de prensa son un derecho respetado y reconocido, sufren importantes distorsiones por la acción de los medios de comunicación, que al ser privados, siempre sirven (según el autor) a oscuros intereses económicos.

La acción de los medios de comunicación sobre la formación de la opinión pública es innegable. Lo que es muy discutible es que esa acción sea nociva. En su alegato, Guerra ataca dos libertades básicas del sistema democrático, y la excusa que siempre surge, a veces soterrada, otras descaradamente evidente, es la mano negra del sector privado. En realidad el libro de Guerra es un alegato contra la libertad. Considera a los ciudadanos unos idiotas fácilmente manipulables, y en cierto modo no le falta razón, ahí están las dos elecciones ganadas por el PSOE en los dos ultimos procesos electorales. Pero el hecho de que una sociedad pueda ser engañada una vez, dos veces y hasta tres no invalida el hecho de que el sistema sigue contando con los resortes necesarios para corregir la situación y hacer pagar al mentiroso sus mentiras. Lo que no tiene vuelta atrás es cercenar el derecho a la libre expresión y la libertad de prensa. Porque esa amputación de libertades, parcial o total, sólo implica la desaparición de un contrapeso a la degeneración totalitaria de un gobierno. De esto cierto partido tiene tomada buena nota (espero) con los casos como GAL y Filesa.

El texto de guerra es un texto liberticida disfrazado de garante de libertades. Es un intento de minar la libertad a través del miedo. Es la explicitación más evidente de que la socialdemocracia tiene la convicción de que la ciudadanía es sólo un rebaño manejable, y que dada su virtuosidad única y exclusiva dentro del espectro político, han de evitar por todos los medios la contaminación que otras opiniones puedan causar entre sus aleccionados votantes. El texto de Guerra es otra coartada más para avanzar hacia la sociedad del Big Brother de Orwell.

Porque en todo ese alegato, Guerra olvida deliberadamente el ordenamiento de los medios de comunicación en España y cómo los gobiernos han influido en su control y regulación, y en su oferta mediática. Los gobiernos son la única mano negra que opera en los medios de comunicación, el resto de las manos que puedan operar son manos evidentes y todo lector sabe quién está detrás de cada titular. Al menos los que quieren saberlo. A nadie se le escapa quién anda detrás del fuego amigo de El Pais, ni qué sotanas manejan el destino de Editorial Católica, ni que la Generalitat apoya iniciativas mediáticas como La Vanguardia ni qué líder planetario respalda a Público o la Sexta, de Roures. Y doy una pista, no es Obama. El que no quiere saberlo, no lo sabe, pero no porque nadie se lo oculte.

Disparar contra los medios, vengan de donde vengan y tengan la línea editorial que tengan, es sólo una pulsión totalitaria digna, cómo no, de un marxista.

Lejos ya de los argumentos de Guerra y su atentado intelectual contra las libertades democráticas, la afirmación de que nuestra democracia está herida me parece optimista. En puridad de conceptos, España no vive en democracia. Y no vive en democracia porque fue precisamente el Sr. Guerra el que anunció el entierro de Montesquieu, perpetrado años antes en la redacción de nuestra Constitución, hoy vigente. El ya dijo por qué la democracia estaba no herida, sino muerta en nuestro país. El libro es sólo un paso más para enterrarla un par de palmos más abajo.

La base de un sistema democrático en una democracia liberal, es la separación de poderes. Esa separación define tres ámbitos de acción: El Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Los tres han de ser independientes y el sistema incluye contrapesos de poder para evitar que cualquiera de ellos pueda convertirse en tiránico y acabar con el sistema de libertades. En nuestro país, la partitocracia ha acabado con la democracia. Las elecciones al congreso y al senado se realizan en el mismo día electoral, casi garantizando que el ganador de los comicios al congreso, domine el senado. Y nuestra Constitución consagra la práctica en su articulado de que el poder judicial es nombrado por los partidos políticos. De modo que tanto senado como poder judicial, están generalmente sometidos al partido del gobierno, quien emplea el argumento de sus votos ciudadanos para socavar la democracia intentando controlar (y controlando, de hecho) la acción de dos poderes que deberían ser independientes.

Nuestra democracia no tiene contrapesos efectivos, y no hay separación de poderes. Por lo que no es una democracia. Es una partitocracia. El partido que gana lo controla todo, y ahora, más que nunca, se esfuerzan en controlar el cuarto poder; los medios de comunicación.

Sólo hay un mensaje de Guerra con el que coincido plenamente. Somos un país de borregos acomodados. Nos roban las libertades, y aplaudimos efusivamente. Somos un país de funcionarios que sólo precisa que una parte del mismo nos mantenga; cervecita, gambas y partidita de mus. Y allá nos las den todas.

Nos quedan tantos años de crisis y mangoneos como dejemos que los partidos manipulen nuestras vidas.

Rog

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Categorías:Uncategorized
  1. luiti
    julio 11, 2009 en 4:09 pm

    ¡Me cachis!
    No me digas que estoy de acuerdo con Guerra, que solo de pensarlo se me pone el vello de punta.
    Y que sea solo en eso de que somos borregos, y que lo de los partidos políticos, es de juzgado de guardia, aunque como los tienen en sus manos, no hay nada que hacer.( Desde que los presupuestos de Justicia dependen del Congreso, los Juzgados son, no tercermundistas, sino mucho peor.
    Un abrazo
    ¡Ah, y no te vuelvas a dormir en los laureles!, que te echaba de menos.

  2. julio 13, 2009 en 6:20 pm

    Luiti, Guerra es un intelectual.
    Socialdemócrata de la vieja escuela, pero un intelectual. Formó parte del sector renovador que junto con González renunció al Marxismo (eso sí, para abrazar a Keynes, que no había más remedio, pero algo es algo).
    Cuando expresa su temor de que otras ideas, otros principios, otras opiniones, calen en el electorado, en realidad está dejando ver cual es la base de la propaganda socialista; la ciudadanía se traga cualquier cosa rodeada por cuatro palabras-“fuerza” (ahora que están de moda”. Paz, solidaridad, derechos, libertad. Diga usted cualquier barbaridad liberticida que incluya cualquiera de estas palabras y el personal se lo traga sin preguntar. Por eso su mayor arma es la propaganda (evidentemente los resultados de gobierno no puede serlo, la gente puede ser un poco inocente, pero no está ciega).
    La propaganda socialista es la técnica más hiperdesarrollada en el Siglo XX por ningún partido político.
    ¿Cómo podría ser, si no, que los comunistas y socialistas fuesen tomados por demócratas por el hecho de combatir a Hitler en la II Guerra mundial?
    La escuela rusa dejó un gran poso, y lo han sabido aprovechar bien.
    Por eso temen recibir de su propia medicina, por eso el libro.
    Porque su historia no sostiene el mínimo análisis riguroso de la frase “100 años de honradez”.

    Rog

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