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Martillo de ratas


Herriko Taberna remodelada

Herriko Taberna "remodelada"

Hoy nos adentramos en el apasionante mundo de la moral. Si EpC fuese una asignatura sobre ética ciudadana, y no un panfleto de no se sabe muy bien qué, el caso se estaría hoy debatiendo en todas las aulas del país.

El enunciado es el siguiente: “¿Es moralmente aceptable que un ciudadano, arrebatado por la ira, agarre una maza y destroce una taberna?”.

Quiero que prestéis atención al enunciado, porque para ilustrar el caso, es claramente insuficiente. Este enunciado sería el mismo si el ciudadano lo hiciese por celos y la taberna fuese la del amante de su esposa. O si fuese la taberna de su cuñado, que le debe 40.000 euros y no se los paga, con lo que le van a embargar su casa por no pagar las letras.

Es evidente que, en las circunstancias enunciadas, estaríamos ante un perturbado. Temporal o permanente, pero perturbado.

Los que critican la acción violenta (y recordad, por favor, el adjetivo “violenta”, absolutamente deliberado y contundente) del vecino de Lazcano, enuncian el problema tal y como yo lo he hecho antes. Insuficientemente. Consecuentemente el juicio que emiten es sesgado. Erróneo. En algunos casos cínica y deliberadamente sesgado.

La pureza en la concepción de la democracia como sistema de convivencia, ha de aplicarse a todo lo largo del razonamiento, no sólo en una parte del mismo. Si aplicamos esa pureza sólo en una dirección, nuestro razonamiento es torticero. Y nuestras conclusiones, como dije, sesgadas.

Creo que en más de una ocasión (y en éste mismo blog), he manifestado mi convicción de que todos los ciudadanos sometidos a coacción, son capaces de soportarla hasta el punto en el que sienten que no tienen nada que perder. Hasta el momento en que la coacción resulta más intolerable que la posible pérdida por la que se había tolerado. Hasta que la bilis te dice: ¡al carajo con todo!.

Hasta ahí, y ni un milímetro más.

Porque en el enunciado que hice antes, faltan algunas precisiones, quedaría así:

“¿Es moralmente aceptable que un ciudadano, acosado por una banda de matones que han destrozado su hogar gratuitamente y sin provocación previa, a quienes el estado protege y contra quienes raramente se ejerce ninguna acción judicial, a quienes se les permite abrir negocios que financien sus acciones de coacción y muerte, que tienen atemorizada a toda la sociedad, desesperado ante la inacción del estado y la imposibilidad de vivir en paz, decida tomarse la justicia por su propia mano?”.

Porque este es el caso. No el del cuñado ni el del amante.

La frase que pronuncia al ser detenido es reveladora: “No hay solución. Ojo por ojo y diente por diente, hijos de puta”.

Al convivir en democracia, los ciudadanos decidimos depositar en el estado la administración de justicia y el uso de la violencia. Para ello, resulta condición sine qua non que el estado cumpla las funciones para las que se le ha designado. En primera instancia, proteger la integridad física de los ciudadanos y sus bienes. En segundo lugar, garantizar sus derechos y libertades.

Deberíamos formularnos una pregunta muy seria, si es que hemos de aplicar con puridad los principios democráticos a todo el razonamiento.

¿Ha cumplido el estado? ¿Ha garantizado la integridad de personas y bienes el gobierno vasco? ¿Ha garantizado la libertad de todos los ciuadanos, o sólo la de unos cuantos?.

La responsabilidad de la acción del vecino de Lizcano es, sin duda, del estado. Porque ni siquiera en democracia, se le puede exigir a nadie que tolere su propia indefensión. No está bien que lo haga el estado, ni mucho menos que lo haga la propia persona. El estado tolera el régimen de miedo y matonismo que impera en el País Vasco, envalentonando a los matones.

Y lo ha hecho hasta que el primero de los ciudadanos ha dicho que ya basta. Si no le defienden aquellos a quienes paga para hacerlo, no le queda otro remedio que defenderse él mismo. No tiene que soportar que destrocen el fruto de su esfuerzo y la humillación de verles pasear muertos de risa mientras exhiben su cruel indiferencia al sufrimiento. No hay ningún principio democrático que diga que no te puedes defender. Y el asalto a la Herriko Taberna, es una defensa ciudadana en toda regla.

La Historia nos da múltiples muestras del resultado de la inacción deliberada del estado, de la dejación de sus funciones. Porque cuando eso ocurre, cuando la democracia se descompone desde las instituciones. Cuando los derechos son conculcados sistemáticamente por unos sin que el estado los restituya, el resultado ha sido siempre el mismo: el enfrentamiento civil.

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Categorías:Uncategorized
  1. febrero 26, 2009 en 10:06 am

    Hölderlin dice que “allí donde habita el peligro crece lo que nos salva”.
    Tal es el caso de este hombre, de este hastiado de la dejadez y la mezquindad, de la connivencia con las cloacas y su entorno.
    El estómago te pide coger un coche y plantarte allí a hacer lo mismo que él, y que otros hagan lo mismo.
    Y yo, un tipo pacífico por naturaleza, no encuentro remordimientos en mí al pensar en ésto.
    Al contrario. Tal vez no sea el camino (que no lo es) pero creo que puede servir para algo. Despertaría conciencias complacientes y dormidas.
    Y creo que también sería justo. Tal vez no sea la palabra justo lo que mejor lo defina, pero sí sería, cuanto menos, un grito de libertad. Y de apoyo y esperanza a aquellos que no pueden gritar. No pueden gritar porque sus gobernantes no tolera esa libertad.
    ¿cuál sería pues la solución?
    Una insurrección civil???
    Lo que está meridianamente claro es que lo que pasa en esta España es ruín, zafio, demente. Y ante la demencia ejercida desde arriba no se me ocurre otra cosa que no sea la tomada por este hombre en Lazcano. No se puede seguir así ni un segundo más.

    Un saludo.

  2. febrero 26, 2009 en 10:30 am

    Totalmente de acuerdo.
    Lo que hizo este ciudadano fue un acto de “defensa propia” totalmente respetable (y alabable).

  3. febrero 26, 2009 en 11:19 pm

    Un pequeño detalle.
    ¿Sabéis que la taberna en cuestión estaba embargada y pendiente -como siempre- de la orden judicial para el cierre?.
    ¿Sabéis lo que van a tardar en empurar al tipo de la maza?
    ¿Han trincado a alguno de los que han colgado los carteles llamándole fascista o amenazándole?

    Pues eso, los políticos son sus cómplices.

    Una auténtica vergüenza.

  4. jose
    febrero 27, 2009 en 8:31 am

    La reacción del chaval es comprensible, a todos nos podría haber pasado. Pero no podemos justificar el ojo por ojo. Lo he dicho muchas veces, nadie puede tomarse la justicia por su mano, porque entonces el estado de derecho carecería de sentido.
    Lo que puede ser una medida justificable para ti puede no serlo para mí y viceversa. Si nos pasamos la justicia por el forro, ¿para qué queremos leyes?
    El problema en el país vasco es muy complejo, no es tan fácil encarcelar a la gente, ilegalizar partidos o cerrar tabernas como creemos. Durante estos últimos años se han desmantelado muchos comandos de ETA, creo que decir que no se está haciendo nada por combatir a ETA, es más, como has dicho que se le abre el camino, es una falacia.
    Todos queremos que esto desaparezca, claro que sí. Yo no dudo de ello ni un solo instante, y quien lo haga se estará engañando a sí mismo.

  5. febrero 27, 2009 en 11:25 pm

    Discrepo totalmemte comtigo, Jose.

    El estado de derecho en el País Vasco, no existe.
    Hay 200.000 vascos que han tenido que marcharse de su propia tierra, y que no pueden votar allí.
    Hay miedo en la gente, que no se atreve a expresarse.
    La policía es benevolente con los matones y expeditiva con los que se quejan.
    El clientelismo es vergonzoso.

    El estado allí es un estado opresor. Y en esas condiciones, la valoración moral de la violencia es diferente, como lo es en el caso de una defensa legítima. Un matón puede amenazarte de muerte o poner un cartel en la calle con una diana sobre tu cabeza y no pasa nada. Es la libertad de expresión. Salen cuatro a celebrar la victoria de la selección con dos banderas nacionales y les disuelven a palos.

    El dilema moral del uso de la violencia es una constante en la historia del pensamiento y la filosofía. Y las frases hechas que dicen “nunca se justifica la violencia”, “el diálogo es la única vía legítima”, etcétera, son falsas.
    Hay violencia justificada, y no siempre el diálogo resuelve los conflictos.

    ¿Que no es deseable?, por supuesto, no lo es.
    Pero que ha sido el estado el que ha arrojado a ese muchacho a la desesperación, es innegable.
    Lo que me extraña es que en tantos años sólo haya sucedido una vez.
    No puedo comprender como, después de ver cómo matan a tu hijo, o a tu esposo, o a tu hermano, sabiendo quienes han sido, puedes salir en la televisión y decir eso de: “sólo quiero justicia, no venganza” y transigir con que al tipo le pongan un negocio a la puerta de tu casa después de seis años.

    Demasiado poco está pasando en el País Vasco. Demasiado poco. No existe ningún motivo por el que un ciudadano tiene que aguantar que le amenacen a él ya su familia y tenga que vivir con miedo, cuando paga a una pandilla de desahogados para que eso no suceda.

    Y encima, tiene que soportar a diario las risas de los matones.
    Vamos, demasiado poco que sólo ha roto cuatro cristales.

    No obstante me asombra la asimetría en el planteamiento por ciertos sectores. Hace dos días como quien dice, muchos celebraron con alegría el intento de zapatazo a George Bush, y no le oído nada acerca de la violencia y el diálogo en ese caso. El tipo más celebrado en Francia es un antisistema que ha destrozado un McDonald’s.
    Y ahora la tenemos que tomar con este chaval, que en el fondo es un santo varón, porque no ha matado a nadie.

    El primero que se pasa la justicia por el forro es el PNV, que desobedece sentencias del Supremo e incumple las leyes del estado sistemáticamente.
    Eso es lo que corrompe una democracia, y no la maza del vecino de turno.
    ¿Cómo pueden pedirle a nadie que cumpla la Ley los que por sistema no la cumplen?
    Este es el peligro de hacer de la capa un sayo.

    Espero que la gente de bien del País Vasco se levante, tome la calle y eche a patadas a batasunos y maleantes. Eso que se llama movimiento popular.
    Y violento, sí, muy violento. Tan violento que no se les ocurra de nuevo hacer lo que llevan haciendo cuarenta años; extorsionar y matar.

    Porque no se te olvide, Jose. Estos sacan pecho porque saben que les sale “gratis”. En cuanto van a por ellos, tienen ese pequeño defecto que se llama en boxeo “mandíbula de cristal”. No encajan ni media.

  6. fewibef
    marzo 5, 2009 en 3:35 pm

    El Dios ODIN alimentó su espiritu con fuego 🙂
    La pena es que ahora tendrá que apagar ese fuego en al cárcel a diferencia de los delincuentes de verdad.

    Pais de locos.

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