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Empirismo Liberal (II)


En el post anterior en el que establecía un paralelismo entre las raíces de los movimientos totalitarios de mediados del Siglo XX y la situación actual en nuestro país, explicaba cómo el miedo a la libertad, que impregna una sociedad en grave crisis económica y las bases teóricas  estatalistas, ofrecían un caldo de cultivo descrito hace más de 60 años por Hayek. No ignoro que, tras más de sesenta años de historia y en condiciones netamente diferentes, los resultados no pueden ser idénticos. Lo cual no quiere decir que tengan que ser buenos.

Continúo con la constatación de que, a mi juicio, nuestra sociedad vuelve a recorrer el Camino de Servidumbre. Un camino en el que muchas de nuestras libertades quedarán eliminadas (ya lo han sido algunas fundamentales, no hace falta ser un conspiranoico visionario teniendo evidencias empíricas).

2.- La “inevitabilidad” de la planificación.

  • Observaba Hayek, que los partidarios de la planificación estatal, sostenían ya mayoritariamente la tésis de que en la sociedad, no existía elección posible al respecto, haciéndose inevitable la planificación. No es que abogaran por ella, sino que negaban la posibilidad de que la sociedad pudiese organizarse sin ella. La excusa de los planificadores en aquella ocasión, fue la ventaja competitiva que la gran empresa obtendría sobre la pequeña en términos tecnológicos, haciéndola desaparecer, precisamente por la supuesta mayor eficiencia de sus economías de escala. Esta afirmación fue puesta a prueba, y un importante estudio sobre la concentración del poder económico realizado en Estados Unidos por un Comité de expertos, concluyó que dicha afirmación no estaba suficientemente apuntalada por los hechos. En realidad se trataba sólo de excusas para justificar la planificación. El problema del planificador es que no puede permitir que operen las fuerzas de la competencia y del mercado, y como la evolución tecnológica las hace aún más complejas de entender y manejar, el planificador intentará sustituir dichas fuerzas por una coordinación central. El argumento supremo es evitar el caos en la vida social. Esto sólo esconde la incapacidad del planificador para comprender cómo opera la competencia. El peligro real reside en esta incapacidad, que ni siquiera el planificador reconoce.
  • Comentario: La “inevitabilidad” de la planificación ha sido recientemente invocada por casi todo el mundo occidental y con ocasión de la crísis financiera y económica. Pero de facto, el planificador nunca dejó de operar. Si bien no lo ha hecho en todos los mercados, sí lo ha hecho en los que más han contribuido al desplome económico. Los bancos centrales de Europa y Estados Unidos no han dejado nunca de intervenir en el mercado financiero a través de la manipulación de los tipos de interés. Es evidente que la mera manipulación de tipos no sólo no ha permitido dirigir la economía a gusto del planificador, sino que ha arrojado un desastroso resultado. Ante los resultados, el planificador no reflexiona y reconsidera la conveniencia de detener la intervención. Al contrario, desarrolla nuevas formas de intervención que le permitan un mayor control sobre los aspectos que, en esta ocasión, quedaron fuera de su tutela y control. El aparato estatal de planificación crece con cada crisis económica, creando nuevas ineficiencias, nuevos problemas, y la necesidad de extenderse para poder controlarlos en un futuro.

Creo que he demostrado que, por el momento,  las observaciones de Hayek se han cumplido. Con sesenta años de intervalo en la historia.

  • El miedo  a la libertad que ha hecho presa en la sociedad occidental.
  • La retórica que capitaliza ese miedo (“más estado y menos mercado”)
  • La afirmación de la “inevitabilidad” de la intervención del planificador, que no comprende la dinámica de la competencia de mercado

Además de estos tres puntos mencionados, es reseñable que en estos momentos, el sistema que opera es el que desde la perspectiva de Hayek es el peor, una mezcla entre el sistema de mercado y la planificación.

¿De qué otro modo podrían lo oligopolistas de la banca obtener dinero público para sanear sus maltrechas cuentas de resultados?.

Continuamos para bingo.

Rog

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