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Empirismo Liberal


Albert Esplugas

Albert Esplugas

Albert Esplugas Boter es un colaborador y miembro del Intituto de Estudios Económicos Juan de Mariana. Además de ello publica sus opiniones en un blog. Se encuadra a sí mismo dentro de la corriente de pensamiento liberal.

Albert es un hombre jóven, con sólidos fundamentos intelectuales.  En su artículo “Catastrofismo Liberal” critica lo que considera un exceso en el mensaje de los liberales contemporáneos. Los liberales del Siglo XXI. Explica que, la enunciación de la visión sobre la evolución del Estabo del Bienestar hacia el totalitarismo es profundamente alarmista, y en esa enunciación, se encuentra de algún modo la raíz del rechazo mayoritario de la sociedad europea al mensaje liberal. De modo que los ciudadanos que no comparten o no conocen los fundamentos del liberalismo, perciben a los liberales como un grupo cuya endogamia ideológica les lleva a deformar la realidad, ubicándoles en un plano de ficción.

A mi juicio, la observación de Albert puede ser cierta acerca de algunas personas. Puede ser (nunca puede afirmarse lo contrario) que conozca personas que deforman la realidad de tal modo que sean capaces de magnificar los acontecimientos y leerlos siempre en la misma clave, la del advenimiento del totalitarismo, tengan o no esa interpretación siquiera como probable. Como diría Arcadi Espada: bien está. Si es el síndrome mayoritario de la izquierda, la derecha no va a estar exenta de ello. Pero el análisis de Albert se centra únicamente en la sostenibilidad del denominado Estado del Bienestar (su viabilidad económica), considerando que un crecimiento desmedido de dicho Estado no permitiría la satisfacción de las pretensiones de privilegios de todos los grupos sociales intervinientes. Con lo que debe de mantenerse en unos umbrales que considera razonables (“sólo” el 50% de PIB actualmente) y esto es garantía de que el totalitarismo no puede desplegar toda su plenitud, y a la vez, los grupos privilegiados serían capaces en ese estado “razonablemente grande” de capturar la cantidad de renta necesaria para satisfacer sus anhelos.

Pero Albert pasa por alto toda la génesis del totalitarismo enunciada por Hayek. El totalitarismo no es una mera cuestión económica, es la derivada de una decisión deliberada de restringir la libertad individual de los ciudadanos, para conseguir los objetivos del planificador. La génesis del totalitarismo no está en la sostenibilidad económica de los beneficios colectivos, sino el la violación sistemática de los derechos individuales y la prevalencia de los primeros sobre estos últimos. El totalitarismo se extiende como una necesidad del planificador de controlar cada vez mayores ámbitos de la vida social, para modificar parámetros de comportamiento que no se ajustan a sus miopes (necesariamente) previsiones.

Evidentemente, amigo Albert, será muy poco probable que las Cortes se transformen en la Plaza Roja. No creo que ningún liberal piense esto. O que pasado mañana, el presidente del gobierno se calce unos bombachos con botas altas de montar y nos haga marcar el paso de la oca. Sé que este ejemplo es un poco exagerado, pero el totalitarismo puede darse también en una sociedad democrática, y para ello los ingredientes ya están plena y solventemente definidos. No tenemos más que acordarnos de Alemania en los años 30, y los precedentes socialdemócratas de la situación. Es la historia, Albert. Pero antes de adelantar conclusiones, detengámonos un poco en repasar lo que ha sucedido, y comparemos el camino recorrido con los enunciados de Hayek. Sería justo desechar sus postulados si el desarrollo de los acontecimientos no se ajustase en términos generales a sus descripciones. Sería igualmente adecuado estar muy alertas y combativos si comprobamos que el Camino de Servidumbre está siendo recorrido. Por supuesto, en una versión actualizada acorde con el Siglo XXI y el contexto social y político de nuestra Europa. Y creo que el marco de la crisis económica es ideal para este análisis.

1.- El Camino abandonado.

  • En este punto, Hayek observa la general tendencia de las naciones en la Europa de las primeras décadas del siglo XX hacia la doctrina colectivista, haciendo énfasis especialmente en la fuerza y desarrollo de esta tendencia política en la Alemania previa a la victoria electoral del partido nacional-socialista. Observa cómo (e incluye en esta observación al Reino Unido, donde la tradición liberal había tenido raíces más profundas) las corrientes predominantes del pensamiento político se inclinan hacia iniciativas que tienden a invadir el espacio individual en aras del denominado “bien común”. Detalla cómo un gran número de intelectuales en Europa, siguiendo las tésis de los pensadores alemanes, consideran estas tendencias como una evolución natural del estado liberal. Muchas personas, que disfrutan de una importante prosperidad gracias a la práctica política más clásica del liberalismo, se han acostumbrado a una vida cómoda, y empiezan a rechazar la parte negativa de la doctrina liberal, que es la que implica la responsabilidad personal y la posibilidad de riesgos que esta libertad lleva aparejada para sus modos y niveles de vida. La posibilidad de ver mermado su bienestar. Es este temor a la pérdida de estabilidad económica el que impulsa socialmente las teorías del Estado de Bienestar desarrolladas por pensadores bien conocidos.
  • Comentario:  Según Hayek, en el origen del impulso social del modelo socialista, no se encuentran realmente los elevados valores morales que la izquierda reclama. Quizá sí en la formulación teórica cuyos efectos no fueron, evidentemente, los previstos. La aceptación social, sin embargo, vino iumpulsada por el miedo a las consecuencias del ejercicio de la libertad, que incluye el error o la desidia como actitud humana posible, con sus lógicas consecuencias negativas. Observemos qué sucede al respecto en el mundo que nos rodea y en el contexto de la actual crisis económica. Es cierto que las políticas de liberalización ciertamente tímida llevadas a cabo desde mediados de los 90 hasta los primeros años del 2000, trajeron al mundo una prosperidad sin parangón, y eso aunque fueron en Europa más tímidas que en ningún otro lugar. Hasta que el intervencionismo de los bancos centrales, manteniendo artificalmente bajos los tipos de interés, provocó un torrente imparable de especulación (al igual que en el crack del 29, cuyas raíces se hunden en la especulación inmobiliaria de Florida -según J.K.Galbraith-). Sin embargo, los que se apuntaban las medallas del desarrollo económico hace sólamente 2 años, ahora lanzan sus andanadas contra el liberalismo que nunca supieron practicar (pero cuyos logros sí supieron capitalizar), y contra el capitalismo (como siempre) salvaje. Y la sociedad, hoy día, reclama ante todo la seguridad de su status quo. Toda la retórica armada en torno a los efectos perniciosos de indefensión ante la crisis, atribuida falsamente al capitalismo, tiene el mismo fundamento teórico de las doctrinas colectivistas de finales del XIX y principios del siglo XX. Toda la aceptación social (explícita o tácita) de que el Estado debe intervenir para proteger frente a la libertad, está fundamentada en el miedo. Como sucedía en la Inglaterra de 1930. La misma base teórica (más Estado y menos Mercado) y el mismo impulso en la sociedad. La especulación previa al crash del 29, espoleada por los bajos tipos de interés mantenidos por la Reserva Federal, destruyó el ahorro y se refugió en las inversiones de mayor y más rápido retorno (para eso es especulación), las inmobiliarias. Esta especulación no es sólo responsabilidad de empresas constructoras y oscuros intereses empresariales, sino que es, ahora como en la Florida de los años 20, una irrefrenable práctica por parte de todo el que pudo. Tras años de ganar muchísimo dinero especulando, los beneficiarios vieron cómo perdían su dinero. Como ahora, apelaron a la ayuda de papá estado. El del Bienestar que todos pagamos, los que especulan y los que no.

Seguiremos en posteriores entregas, comparando el camino descrito por Hayek con los acontecimientos más recientes. Hemos visto como la base teórica y el sentimiento social que en su momento llevaron a mermar la libertad individual están hoy día emplazados. El partido del Gobierno retiró formalmente el marxismo de su base ideológica con el fin de fundar lo que hoy se denomina socialdemocracia, sin embargo el gesto fue sólo una exigencia para la conquista del poder. El camino de la libertad ha vuelto a ser abandonado. Posiblemente no del todo aún, pero se avanza en ese mismo sentido. Lo que podremos comprobar es si, realmente, socialismo y democracia son términos compatibles (siquiera separados) como para componer con ellos una sóla palabra que integre ambos conceptos. Yo sostengo que no, y espero poder demostrar que es así en esta serie de posts que me ha inspirado Albert Esplugas, en los que además, estableceré la relación que entiendo existe entre los acontecimientos actuales y las tésis de Friedrich Hayek.

No, Albert, los liberales no somos unos simples neuróticos que se lamentan de pagar impuestos (aunque esto último, también).

Rog

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