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Credo Liberal: Capitalismo y Liberalismo


Sir Karl Raimund Popper

Sir Karl Raimund Popper

Empecemos por aclarar dos conceptos que son básicos y que son diferentes, aunque a veces, se intenta que sean confundidos.

El Capitalismo es un sistema económico, basado en la propiedad privada de los recursos. No existe la libertad del individuo sin el derecho a la propiedad privada. Sin su incuestionable prerrogativa de realizar sus planes de acuerdo a sus preferencias y sus criterios. La antítesis del capitalismo es el comunismo o el socialismo, donde no existe la propiedad privada y prevalece sobre lo privado lo público o colectivo. Precisamente el espacio donde el individuo no puede, libremente, realizar sus planes. Resulta obvio decir que para hacer prevalecer lo público sobre lo privado, es preciso recortar de un  modo importante la libertad individual, en pro de ese colectivismo aplicado a bienes y recursos. Esa colectivización se realiza siempre mediante la coacción. Un ejemplo: los impuestos. Los impuestos conforman los fondos públicos y provienen de la enajenación forzosa de una propiedad privada, que son las rentas de los ciudadanos contribuyentes.

Es evidente que, de no existir coacción, las aportaciones a ese dinero colectivo no serían las mismas, o lisa y llanamente, no serían nada.

La Socialdemocracia tiende a presentar los impuestos como un ejercicio de solidaridad con los demás ciudadanos, pero esta afirmación es falsa. La solidaridad requiere un acto voluntario. Al existir coacción no puede existir jamás la constancia de un acto voluntario, pues éste queda soterrado bajo la amenaza de las sanciones o penas impuestas a los que no realizasen sus pagos.  La imágen simbólica que se emplea es la de la redistribución de la riqueza, una pretensión de emular a  la de Robin Hood, que según la leyenda robaba a los ricos para entregar a los pobres. Pero en la práctica yo diría que el símbolo real de la Agencia Tributaria se aproxima mucho más al Sheriff de Nottingham que al generoso Robin. Al fin y al cabo, éste último no contaba con la fuerza de todo el aparato Estatal para realizar sus colectas, al contrario que el Sheriff.

El Capitalismo no implica liberalismo, pero a la inversa sí. Es decir, el liberalismo sólo puede existir si existe una garantía del derecho a la propiedad privada. Sin embargo existen muchos tipos de capitalismo, el capitalismo liberal es, sin duda,  uno de ellos. Pero también lo es, por ejemplo,  el Capitalismo Estatalista. Ejemplos de éste último son los países que fomentan grandes oligopolios estatales, como eran las empresas de telecomunicaciones o las energéticas, que tenían forma jurídica de empresa privada, pero cuyo accionista mayoritario (o único) es el Estado. En Europa es una práctica común, bajo la excusa de los intereses estratégicos nacionales.

La Socialdemocracia ha renunciado teóricamente y de facto ala socialización de los medios de producción. Es decir, ha renunciado formal y prácticamente al socialismo. De hecho, durante los más de treinta años de democracia en España (y muchos más en otros países de Europa) no han elevado en ningún parlamento ninguna propuesta de socialización de los medios de producción, que forzosamente requeriría la nacionalización de esos medios, es decir, la enajenación de sus legítimos propietarios. De esos treinta años, en España han gobernado dieciocho diecinueve años, con un intervalo de ocho años de un gobierno liberal-conservador (1996-2004). Sin embargo, el número de agencias gubernamentales, empresas públicas y entes diversos se ha visto exponencialmente multiplicado, favorecidos por el Estado de las Autonomías. Y con todo ello el porcentaje de renta que el Estado necesita para seguir alimentándose y creciendo. Siempre, como dije, mediante la coacción. Es un buen ejemplo de Capitalismo Estatalista con un alto grado de intervención.

De este modo y por lo explicado anteriormente, España no ha sido en democracia un país liberal durante el Siglo XX, ni, por supuesto, durante el XXI. Los ocho años de gobierno liberal-conservador han sido insuficientes para ello. Muy al contrario. El tamaño del Estado como organización, ha crecido tanto que hablar de política liberal en nuestro país es una broma macabra. Especialmente para los que pagamos los arbitrarios dispendios de nuestro descomunal Estado.

El Liberalismo es una doctrina política, que se asienta sobre la necesaria existencia del derecho a la propiedad privada ( un sistema capitalista). Propone la libertad del individuo frente a la coacción Estatal y de lo colectivo. Es decir, individualismo frente a colectivismo. Este es uno de los conceptos (el individualismo) prostutidos por la propaganda de los partidos más colectivistas; presentar al individualismo como una actitud insolidaria, egoísta y en gran medida carroñera con los semejantes. Cuando los liberales defendemos el individualismo, defendemos que el objeto de atención es el individuo, y que es en el ámbito privado de ese individuo donde sus preferencias, sus gustos y sus planes son un algo inviolable y sagrado. La solidaridad tiene cabida en el liberalismo, como en cualquier otra doctrina. Porque la solidaridad no se regula por decreto, necesariamente ha de ser una actitud voluntaria, o no puede llamarse solidaridad.

El liberalismo tiene como objetivo el desarrollo y preservación de la libertad personal del individuo. No del colectivo, sino de la persona. Y para ello, propone una clara separación de funciones entre los poderes del Estado (Montesquieu) que conforma un auténtico sistema de contrapoderes. Es precisamente la existencia de esos “contrapesos” lo que garantiza que el Estado no coaccionará arbitrariamente al ciudadano ni se dejará llevar por inevitables pulsiones totalitarias, que explicaré más adelante en otros posts. Pulsiones posibles en un sistema democrático, en contra de lo que muchos piensan. Por ello, las recurrentes tentaciones de enterrar a Montesquieu, naturales en un sistema que intenta planificar la vida de la ciudadanía (ya sea con nobles fines o con fines menos éticos), son precursoras de tendencias totalitarias.

Cuando los socialdemócratas proclaman el final del capitalismo o del liberalismo de forma indiscriminada, están incurriendo en un grave error intelectual (seré aquí cortés).  En primer lugar porque no tienen alternativa alguna viable al sistema capitalista para generar la ingente riqueza que precisa la maquinaria estatal que desarrollan, ni el Estado del Bienestar que preconizan, del que hablaremos más adelante también. En segundo lugar porque liberalismo y capitalismo son cosas diferentes, y para poder proclamar el final del liberalismo, tendría que existir un estado liberal y no intervencionista. Y esto último, no se cumple ni por aproximación. Especialmente en el mercado más conflictivo en los últimos tiempos; la banca. Porque la banca, estimados lectores, como ya he comentado, no es un mercado libre, sino un oligopolio. En Europa y al otro lado del Atlántico.

Un oligopolio muy particular en el que el Estado, a través de una autoridad bancaria (banco de España en nuestro país), restringe el número de participantes. Pero también interviene en los precios (tipos de interés) a través del BCE o de la Reserva Federal en EEUU. Luego la banca NO es un mercado libre. Resulta grotesco culpabilizar al liberalismo de los resultados de una práctica oligopolística o intervencionista, porque el liberalismo se opone a ellas. Como se opone a que los ciudadanos paguen la mala gestión de una empresa privada. Recordaré aquí de forma somera las palabras de Hayek “libertad y responsabilidad son inseparables”.

Pero lo cierto es que no ha existido esa libertad, y los bancos han tributado por sus ingresos año tras año, con unas cifras de impuestos muy importantes (la fiscalidad de las empresas en España se mueve en el entorno del 40% o superior). Luego la frase “privatizar beneficios y socializar pérdidas” es en el caso de la banca una falacia. Porque más de un 40% de los beneficios de la banca han engrosado las arcas públicas durante años. Lo cual no les hace merecedores de una derrama con el dinero de mis impuestos o un privilegio fiscal eminentmente discriminatorio, dicho sea de paso. Pero insisto en que la frase es falsa. Personalmente no me gusta ni lo uno ni lo otro.

Wikipedia ignora el papel del Estado en la sociedad occidental en lo referente al fomento o permisividad ejercidos con ciertos oligopolios. Empiezo a pensar que determinadas redacciones en Wiki son naturales. Deberían permitir diferentes puntos de vista en las explicaciones. Es cierto que los oligopolios pueden establecerse en base a acuerdos entre empresas privadas. Claro que es cierto. Como también lo es que los Estados cuentan con leyes para evitar estas situaciones (leyes antimonopolio o de defensa de la competencia) y castigar a aquellos que se confabulan para alterar el precio natural de las cosas de acuerdo a las leyes del mercado. Estas leyes ya han sido aplicadas en Europa y Estados Unidos a diferentes empresas (por ejemplo, líneas aéreas) y son sin duda las leyes más liberales en Europa. Otra cuestión es cómo se aplican. Lo que se infiere de la explicación de Wikipedia, es que sólamente la perversidad de las empresas privadas arroja como resultado un oligopolio, cuando necesariamente ha de producirse una connivencia con el Estado para que suceda en nuestro sistema.

¿Por qué es necesaria y efectiva esa connivencia?. La razón es muy simple; porque el Estado tiene la potestad de intervenir y alterar el comportamiento del mercado. Si no la tuviese, los lobbistas tendrían poco futuro como profesionales.

Rog

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Categorías:Credo Liberal
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