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Accidente en la T4: La mentira de Gauss.


Cuando la enorme tragedia personal quede finalmente oculta por el oportunismo, la especulación y la estadística, que ya sucede, volverán a oirse las voces de aquellos que afirman, amparados en una teoría matemática empleada falsamente, que el avión es el medio de transporte más seguro.

Y yo me pregunto; cuando el avión en el que vuelas se desploma explotando en medio de un infierno de fuego ¿para qué vale esa frase?. Cuanto daño nos causamos a nosotros mismos los seres humanos con nuestra permanente necesidad de tener algo a lo que aferrarnos. Lo que algunos denominan “ancla”. La estadística de accidentes de aviación no prueba absolutamente nada acerca del destino del vuelo en el que viajas. El que diga lo contrario miente.

En primer lugar aplicamos un método estadístico equivocado. La estadística gaussiana tiene valor cuando todos los factores que intervienen en su elaboración son conocidos y controlados. Pero ¿es ese el caso de la aviación civil?. Veamos. ¿Cómo se mide en la estadística la escasez de personal causada bien por una crisis, o bien por la presión de un mercado cada vez más competitivo y complejo? ¿Cómo se mide en la estadística el malestar de un empleado? ¿Cómo se mide su falta de concentración en una revisión por motivos sentimentales o familiares? ¿Cómo se mide un factor meteorológico inesperado? ¿Cómo se mide la acción terrorista en esa estadística?. Demasiados factores no controlables como para poder afirmar alegremente que, dado que el avión es el medio “mas seguro”, llegaremos a nuestro destino con toda probabilidad y sin incidentes.

Porque si esa estadística fuese cierta, si fuese verdad la conclusión a la que los expertos llegan de la mano de los métodos de Gauss, el vuelo accidentado en la T4 tenía todas las probabilidades del mundo de llegar a su destino sin incidentes. Y sin embargo no sucedió así. Por desgracia para todas las personas que perdieron la vida y para sus familiares, que nunca olvidarán ese día, contra todo pronóstico.

Dejadme que os ponga un ejemplo “prestado”. Imaginad que somos un pavo, cuyo destino es la mesa de navidad de una familia de granjeros. Después de dos años de ser alimentado en la granja, llega el día 23 de Diciembre, y, dado que somos pavos previsores, hacemos una estadística. Recopilamos en una gráfica lo que ha sucedido en los últimos 600 días de nuestra historia. Hacemos la media, y llegamos a la sabia conclusión de que, dado que durante esos días se nos ha alimentado y cuidado sin excepciones, nuestra probabilidad de que mañana suceda lo mismo es enorme. No podemos saber (nuestra perspectiva es la del pavo, recordad) que mañana, alguien nos estará esperando con un cuchillo en la cocina. Como resultado de esto, viviremos estas horas confiados en que estadísticamente, tenemos todas las papeletas para pegarnos mañana, día de Nochebuena, un gran atracón de pienso. Y pasado… y al otro. Pero ahora, desde nuestra perspectiva de seres humanos, sabemos que esto no es así, que por mucho que el pavo esté en la seguridad matemática absoluta de que mañana será alimentado, acabará en el horno.

¿Para qué le valió al pavo su estadística?, seguramente para lo mismo que a nosotros cuando nos subimos a un avión. Nadie puede controlar todos los factores.

Pero quiero hacer un apunte más sobre la obstinación en comparar el avión como medio de transporte con el automóvil. Hagamos un experimento con nuestra imaginación, tenemos dos variantes del mismo.

Imaginémonos que en vez de conducir nosotros nuestros coches, lo hacen pilotos profesionales con una vasta preparación y cuyo salario anual roza los treinta millones de las antiguas pesetas, y que el dispositivo de seguridad del tráfico del automóvil es similar al de la aviación civil. ¿Cuántos accidentes de tráfico podríamos ver en nuestros telediarios?. Me atrevo a decir que serían casi anecdóticos.

Hagamos ahora el experimento al revés. El avión lo pilota el pasajero más avezado, y el dispositivo de seguridad es equivalente al de nuestras carreteras. Baches en las pistas de aterrizaje, semáforos y señalización deficiente, etcétera. ¿Cuántos accidentes de aviación veríamos?. Probablemente hace tiempo que no volaría nadie.

Y si Dios hubiese querido que volase, me hubiera puesto alitas.

Rog

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