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Los diáconos (I) – Leire Pajín


El paralelismo manifiesto entre la organización socialista y la jerarquía eclesiástica, en su más rancio escalafón, no hace más que sorprenderme. No por inesperado, sino por lo acertado que demuestra mi análisis. Desposeído de ideas tras el desplome televisado del telón de acero, el socialismo no tiene más alternativa que convertirse en un fundamentalismo laicista, cuyo único objetivo es mantener el poder a base de la repetición machacona de eslóganes.

La Iglesia ha querido siempre distinguir a sus más destacados acólitos por diversas vías. Una de ellas ha sido históricamente el diaconado. El diácono, según el DRAE, se define como “Ministro eclesiástico y de grado segundo en dignidad, inmediato al sacerdocio”. Es nombrado por imposición de manos del obispo, y sus funciones son, básicamente, asistir a éste y a los sacerdotes en su sacerdocio. Lo que en mi pueblo siempre ha sido el que iba a por los bocadillos.

El diácono es alguien que quiere y no pudo. No dió la talla, o ni siquiera lo intentó. Pero que rezuma satisfacción ante la palmadita en la espalda del príncipe de la jerarquía. Su pecho queda henchido de gozo cuando sostiene los libros sagrados para que el Ministro de la Iglesia pueda leer cómodamente sus líneas. Una responsabilidad que requiere de todo su esfuerzo y atención. Un derroche de pericia.

Leire es uno de los nuevos diáconos del fundamentalismo laicista. Sin oficio ni aptitud conocidas para trabajo alguno, medró con éxito en los intrincados pasadizos de Ferraz para llegar a sostener la tiara al Jefe los Domingos por la mañana. Esto le permite el nada desdeñable privilegio, de tener el permiso de abrir la boca cuando le arriman un micrófono.

Pero el diaconado no imprime carácter, al contrario que el sacerdocio. De modo que nuestra insigne Leire, cada vez que hace uso de su prerrogativa, trabajosamente ganada a base de subir y bajar bocadillos de planta en planta, muestra sus capacidades (y com más ahínco si cabe sus incapacidades) con esa desnudez sincera y juvenil del que te llama “hijo de p***” con una sonrisa en los labios, sólo por el hecho de que te respeta y no te quiere mentir. Gracias, Leirita, tómate una fanta a mi salud.

Leire podía haber sido portero del Ritz, y haber lucido orgullosa esos galones ante los que los reclutas saludan con respeto al pasar, siempre y cuando no hayan jurado antes bandera y a condición de que anden algo perdidos. Es lo que les pasa a las Juventudes Socialistas, deslumbradas ante su desbordante verbo, más que nada, por contraste con su propia miseria intelectual. La última vez que el micrófono redentor se acercó al oráculo, su sentencia dejó asombrados a los de siempre y estupefactos al resto:

Los ciudadanos – dijo solemne campanilla en mano – no pueden creer a Rajoy

Y no, no corrió a ocultarse donde el pudor y la vergüenza llevarían a cualquier persona normal durante dos semanas, siguió argullosa ante el micrófono declamando ( y reclamando el privilegio recientemente concedido por el Señor Obispo, la cuota de pantalla y micro ). Cosas del diaconado, ni siquiera el Obispo tendría la cara dura de hablar hoy en día de credibilidad, sin temer una carcajada nacional. Ella está exenta ( en la mili, decíamos que “te daban por inútil” ). Cosas de la condición castrense.

Es decir, los ciudadanos no pueden creer a quien les dijo que estábamos en una crisis económica, deben creer al que les aseguró dos días antes de las elecciones ( y desde entonces nunca más ), que jugamos en la Champions y que este año nos íbamos a salir de la tabla clasificatoria (se refería por arriba, no a la situación actual). Los ciudadanos no pueden creer a quien les dijo que negociar y dialogar con terroristas era una mala idea, no, deben creer a quien los puso en cargos públicos, procuró su pronta puesta en libertad con la Fiscalía, y ahora sufre un verdadero apretón cuando sus socios les destapan las vergüenzas. Los ciudadanos no deben creer a quien les dijo que manipular una OPA privada interviniendo vergonzosamente nos iba a costar multiplicar el recibo de la luz por varias veces el valor del IPC, no, lo que nos llega todos los meses al banco es una ilusión óptica. Los ciudadanos no pueden creer que borrar con Tippex un registro oficial con datos periciales ( hechos probados por la sentencia del TS ) sobre la mayor masacre terrorista en españa es algo malo, sino que es algo necesario y “honesto” ( “Los españoles no merecen un Gobierno que les mienta – Rubalcaba -) , y los que lo señalan como malo, no son más que conspiranoicos.

Pues sí, Leirita, los ciudadanos españoles tienen lo que se merecen, para qué engañarnos. Lo escogieron el 9M y cada día que pasa estoy más convencido y satisfecho de los resultados. Muchos irán al paro por su propio sectarismo, echándole la culpa a Bush. Y lo que nadie creerá en unos pocos meses, quizá un año, es que el Presidente de nuestro Gobierno sabe siquiera de que pié es cada zapato que calza, por mucho que su nombre sugiera lo contrario.

Ante las tentaciones del mundo, Leirita, ya sabe, oraciones. Ante la crisis, eslóganes y obispos.

Precisas y delatoras analogías de los nuevos talibanes laicistas.

Rog

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