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La responsabilidad


lospiratas

Gentileza del blog de Santiago González

¡ Ah, la responsabilidad !, esa palabra. Esa apelación.

Esa piedra plagada de ángulos que nuestro bienintencionado Gobierno arroja siempre sobre la boca de los demás con saña no exenta de puntería. La responsabilidad se ve así convertida en el refugio de la mentira, de la misma irresponsabilidad, de la inconfesable incapacidad.

¿Cuánta responsabilidad necesita de la oposición un ejecutivo inoperante para poder seguir enarbolando, ante las masas rendidas a la semántica, su falso currículum de gestión?.  ¿Será acaso una oposición silente y “simpática” la responsable y adecuada que Jesús de Polanco preconizaba ante el evidente franquismo constatado por sus medios?. Hablemos, pues, de responsabilidad.

La diplomacia como organización, es un servicio público de los Estados en sus relaciones internacionales. Descartemos, pues, la acepción de habilidad, sagacidad y disimulo que el diccionario asigna al término, pues en este caso concreto, los términos son manifiestamente inaceptables.

Si la diplomacia se establece entre Estados, pueden haber sucedido dos cosas: o bien el gobierno de Somalia es un gobierno que ejerce la piratería como coacción contra los países cuyas flotas faenan en aguas internacionales cercanas, o el Señor Moratinos ha negociado con piratas. No veo otra opción.

En el primer caso es un desastre, en el segundo son dos.

El mensaje al Gobierno somalí, en el primer caso, es claro; obtendrán más de un millón de dólares por atunero capturado. El mensaje a los piratas en el segundo es claro y doble; obtendrán más de un millón de dólares por atunero capturado y se les rendirán honores de Estado. Aliciente destacable para un cacique de la guerra.

Pero quizá éstas reflexiones sobre la liberación (¿es ésta la palabra o deberíamos llamarla “pago de rescate”?) del “Playa de Bakio” sean harto irresponsables para nuestro sagaz presidente. Movido por la inmediatez del efecto mediático ( “the show must go on” ) nada puede pagar el efecto populista de una fotografía enternecedora; la reunión de la familia tras la angustia, auspiciada por el benefactor omnisciente.

El álbum de familia se amplía día a dia con vertiginosa profusión de instantáneas. El gobierno matriarcal en primeras planas, el no-trasvase a la sedienta y agonizante Barcelona, las mociones “eticas”, cuya sóla denominación debería ocasionar replantearse el nombre de algunas de las más famosas obras de la filosofía, la igualdad, pisoteada por la más burda instrumentalización paritaria, y ahora, la responsabilidad.

Una responsablidad a la que sólo un irresponsable puede apelar; a la de los demás. Porque nunca, jamás, oirán ustedes a un irresponsable apelar a la responsabildad propia. Eso es, por definición, un imposible.

Rog

 

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Categorías:Uncategorized
  1. abril 30, 2008 en 4:07 pm

    Estimado Rog:

    Bajo mi punto de vista es innegable el hecho de que vivimos tiempos oscuros. Tiempos donde lo falso, lo abyecto, lo carente del más mínimo sentido de la rectitud, la decencia y la honradez es lo más en boga. Y lo que es peor. Observo entre los que diariamente me rodean una cierta complacencia en actitudes como la del “gobierno de España” en el caso del atunero. Algo así como mira que bien, que lo que valen son las vidas humanas y que buenísimo que es Zeta, y que está bien el pagar y negociar con asesinos, saqueadores o cualquiera que, mediante la fuerza, quiera conseguir algo de España.
    ¿Son los años de hipnósis colectiva, propiciada por la maquinaria propagandística, la que hace que mis compañeros de trabajo piensen así?
    Cuando esto ocurre, no queda sino apelar a los principios del ser humano, a los principios que, unos más que otros, hemos mamado.
    Y aquí es cuando llegan las contradicciones, cuando dicen primero blanco y a continuación negro. Aunque eso sí, sin bajarse del burro y admitiendo como válido que se pueda pensar en blanco y posteriormente en negro sin ningún rubor.
    ¿Hacia donde caminamos Rog?
    Nos dice Edmund Burke que lo único que se necesita para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada. Tal vez aquí esté el quid de la cuestión. O no.

    Un saludo

  2. abril 30, 2008 en 10:54 pm

    No puedo saber hacia dónde caminamos, creo que los que reflexionamos sobre lo que sucede somos meros observadores sin posibilidad de imaginar qué hay tras el siguiente recodo del camino. Sólo podemos contar árboles a medida que pasamos a su lado, no podemos anticipar cuántos árboles hay en el camino hasta haberlo andado por completo.

    Pero no hay que ser muy sagaz para darse cuenta de los grandes rasgos. Recuerdo que, en la más furibunda efervescencia del ecologismo (que creo que tuvo su cénit con las negociaciones sobre el protocolo de Kioto), las objeciones liberales a los despropósitos de las exigencias tenían como argumento fundamental el desarrollo económico, especialmente el de los países más pobres o que entraban en vías de desarrollo.

    La manada progre hizo entonces una interpretación muy en el sentido rancio que siempre hace sobre el “salvaje” capitalismo, y es que esos argumentos escondían realmente los oscuros intereses de manipuladoras multinacionales. Como en ambos casos los argumentos eran indemostrables, estas cosas suelen arrojar tablas hasta el momento en que la Historia pone a cada cual en su sitio.

    La furibunda promoción de los absurdos biocombustibles, que responde al afán Gore-apocalíptico (y, por qué no decirlo, a un intento de perjudicar a uno de los monstruos marinos del imaginario de la izquierda, las petroleras) ha conseguido elevar hasta límites insospechados el precio de los alimentos y ha arrojado a la hambruna a millones de personas. ¿Pedirá alguien excusas por esta debacle? No lo creo. Pero ese no es el aspecto más grave del asunto.

    ¿Hará esto que los ciudadanos, que suscribían de buena fe y a pies juntillas todos los desastres anunciados -y no cumplidos-, tengan, al menos, el prurito intelectual de alterar las fuentes de información y revisar sus puntos de vista?. Esta es la cuestión.

    El problema es información vs propaganda.

    La propaganda izquierdista es tan letalmente eficaz (son muchos años ejerciendo), que consigue con pasmosa naturalidad hacer creer a un amplio sector social lo que les da la real gana sin ya preocuparse por disimular. Un ejemplo de verdadero equilibrismo semántico: el trasvase que no lo es. Otro: el “suave aterrizaje” económico con 230.000 parados en un trimestre y seis décimas menos de crecimiento en el mismo período. Otro: la Memoria Histórica que consigue, apelando a la memoria, eliminar de la misma la mitad de lo ocurrido. Una enumeración de casos espantosamente profusa.

    La izquierda ha sustituido el análisis crítico por el eslógan. Han sabido captar la esencia de la sociedad: fast food, fast reading, fast politics. Ahí está el truco. No es que ofrezcan una visión intelectualmente aceptable, es que ofrecen un menú Big Mac social que permite a cualquiera que lea dos titulares, pensar que domina (no que conoce, domina es la palabra) el tema en cuestión. Sólo hay que tener puntería en el titular y sugerir lo necesario.

    ¿Hacia dónde nos dirigimos?. Hacia el borde mismo del acantilado. De nuevo, la pregunta es si saltaremos o nos daremos la vuelta al ver las piedras allá abajo. No lo sé.

    Sólo sé que cada día que pasa me apetece más largarme a California y poner en marcha un negocio de carrito de helados de nata con siropes.

    Me aburre Europa, Pedros, su arrogancia, su ignorancia, sus eslóganes, sus manifestaciones cansinas y casposas, su cobarde anticlericalismo y su complaciente proislamismo, su obcecación antiliberal, a pesar de la evidencia histórica, su retórica incoherente y manida, sus funcionarios, sus eurodiputados, sus ONGs, sus partidos políticos, su prensa socialdemócrata y totalitaria, sus nacionalismos prehistóricos y xenófobos, sus fobias atávicas, su corrección política, su corrupción económica, intelectual y social, los bodrios del sesentayochismo, los antifranquistas del siglo XXI, los antifascistas violentos, sucios y analfabetos, los neonazis descerebrados, los vividores de lo público, los centristas reformistas. Me mata todo esto.

    Sólo espero todos los días al Mesías. Al que alce su voz y diga con claridad las palabras mágicas. Netas, concisas.

    Algo que suene así: “Los tiempos en los que unos viven a costa de otros se han acabado, ahora cada uno de ustedes es responsable de su propia vida. A cambio de esto les prometo libertad e igualdad ante la Ley”.

    Rog

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