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Crisis, what Crisis?


crisis

Supongo que, como referencia para un debate económico, las cifras son ineludibles. Supongo también que las cifras que se manejan son correctas, y cuando digo correctas digo sin trampa ni cartón. Esta segunda suposición es tan indemostrable como lo contrario. Pero sin embargo, hay cosas que no he de suponer, porque, desgraciadamente para mí (al menos en estos últimos tiempos), conforman mi cotidianidad. No tengo que recurrir a gráficos, ni a funcionarios del ministerio que me maquillen la mala racha. Es lo que podríamos llamar un mal momento “comme il faut“. Y puedo afirmar sin temor a equivocarme ni caer en antipatriotismos, que desde hace meses, el tema está muy, pero que muy malito. Y lo peor es que nadie quiere coger el toro por los cuernos, de modo que esto seguirá, mas o menos, igual. Desesperación.

La situación económica comenzó a mostrar vivamente síntomas de poca salud en Junio del 2007. Es decir, hace 8 meses. De modo que no se me hagan los encontradizos, que todos los que trabajamos en esto de la explotación de los trabajadores a través de las herramientas represivas de la pyme, sabemos ya de qué va la historia. Aunque, la verdad, si nos va mal a las pymes, que nos jodan (con perdón), por patronos. ¿Y tú cómo lo sabes? ¿No será que las ventas te han descendido por ser un mal vendedor?. Bien, si sólo fuesen las ventas, existiría (y de hecho existe) la probabilidad de que sea un mal vendedor. En sentido estricto sería más correcto decir “un mal departamento comercial”, pues este trabajo lo realizaban dos personas. El problema de Junio no fueron las ventas. El problema de Junio, el que comenzó a mostrar la verdadera cara de lo que venía encima, fue la exigencia de algunas entidades bancarias de avalar personalmente el descuento del papel … ¡ del Estado ! . Esta exigencia la formuló una entidad bancaria concreta, cuyo presidente hace no mucho, promulgó a los cuatro vientos que estaban deseando dar crédito con garantía a las empresas. ¡ JA !. A saber cuánto nos costará a clientes y contribuyentes semejante afirmación en un futuro. Esos favores se pagan.

Al concluir el año con el peor cuarto trimestre de nuestra historia en doce años de existencia como empresa, solicitamos formalmente un aplazamiento del pago del último trimestre de IVA a la agencia tributaria, para así facilitarnos la resolución de los problemas de tesorería. El año pasado por las mismas fechas y de acuerdo a la Agencia, solicitamos aval bancario para la misma operación, por un importe que duplicaba el que había que avalar este año. El banco denegó el aval, forzándonos a solicitar una dispensa para obtener el aplazamiento. Se nos proponía un ingreso del importe avalado en la entidad bancaria para obtener el aval, y yo me pregunto ¿no se dan cuenta de que si lo tuviese y pudiese hacer eso que me piden, lo habría depositado a la AEAT y me hubiese ahorrado las espantosas comisiones que me cobran por el aval (550€ / trimestre)?.

Línea de crédito empresarial para financiación de circulante convertida en crédito personal a cuatro años a tipo de interés igual al que se obtiene para comprar un coche. Magnífico. Otro palito en la rueda. Como verán, esto de la crisis es una soberana tontería ¿a quién se le ocurre decir “crisis”?. En alguna ocasión leí de algún empresario que a nuestros políticos les hacía falta una buena dosis de visitar bancos para descontar letras y pagarés, para que se enterasen de qué iba la película. No puedo estar más de acuerdo con esta afirmación. Excepto en algunos aislados casos, son unos completos ignorantes.

Os voy a decir cómo se alivia una crisis en estos momentos en España:

1) Determinar que la forma de pago “por defecto” en las transacciones comerciales es CONTADO, es decir, un plazo que va desde “cash” hasta 15 días fecha factura. En caso de no cumplirse, hacer como hace la Agencia Tributaria, de momento un 20% de recargo y luego el mes a mes o la vía de reclamación ejecutiva. Ya veríamos como Administraciones Autonómicas, Centrales, y sobre todo locales se esmeraban por cumplir, tema que actualmente les trae al pairo. Claro, a esto no hay quien le meta mano porque supone que debe tenerse cuidado con el dinero que se administra y no gastar más de lo que hay en la caja. Puede ser el final de la mayoría de los políticos. Pero ya está bien de estar permanentemente acosados por el Estado, que además te debe dinero bien en directo, bien a través de empresas públicas. Esto sin contar a las grandes constructoras, telefónicas y demás monstruos cuyo plazo de pago mínimo son 120 días o más (4 meses). Si esto se lo hago a mis empleados, que ninguna culpa tienen (ni yo) podéis imaginar dónde acabo.

2) Es imprescindible reducir la carga impositiva de los salarios. La reducción del IRPF es ya tan obviamente necesaria que no cabe mucho explicar. Un mileurista (recordemos, un tipo que cobra 170.000 de las antiguas pesetas al mes – 2.380.000 pesetas/año-), le cuesta a la empresa la friolera de 19.000 Euros (3.161.334 pts), es decir, una carga de 781.000 pesetas al año (unos 4.700 euros). Ni el empleado está contento, ni la empresa le puede incentivar. El único contento con este desatino es el Estado.

3) Hay que flexibilizar el mercado laboral, pero para ello quizá no sea necesario reducir las indemnizaciones por despido, que aunque muchos creen que no existen, es falso, siguen siendo en caso de despido improcedente, de 45 días por año trabajado o 33 días. ¿Cómo va a querer una empresa mantener a sus empleados por largo tiempo, si al final esto siempre se convierte en un serio problema?. Lo que hay que hacer es que los Juzgados de lo Social dicten sentencias sin sesgos de ningún tipo. Si el despido procede, ya sea por cuestiones disciplinarias o por causas económicas objetivas, que se juzgue y se otorgue razón y condena en función de las pruebas aportadas, y no de una supuesta “debilidad” del trabajador, que seguramente se vaya a casa con una importante cobertura por desempleo y una indemnización inesperadamente abultada. Las empresas, cuando cerramos, cerramos y punto, ni a la empresa ni al empresario se le otorgan cobertura ninguna (si no tienes padrino). Y como en mi sector no tenemos tractores para bloquear las arterias de ninguna ciudad, pues debe ser que no molestamos suficiente a políticos y ciudadanos y ya se sabe, el que no llora…

4) Detener la avalancha de demandas por cantidades o despido nulo con meros fines coercitivos. Esas que se plantean sólo para presionar a la empresa a negociar, especialmente cuando algunos bufetes entran en juego.  Es muy tentador plantear una demanda sin tener que redactar el texto (ya están redactadas de antemano) y saber que lo que caiga por ahí, tiene un 65% de posibilidades de generar porcentaje independientemente de quién tenga razón. Muy tentador. A lo mejor, si al trabajador que accede a ello se le pidiese un 20% de lo que demanda en caso de que la actuación sea manifiestamente injusta y se dicte sentencia a favor de la empresa por este motivo, muchos se lo pensarían dos veces (como me lo pienso yo antes de entrar en una sala de un juzgado, porque siempre tengo algo que perder, y nunca que ganar) y lo demandado estaría mucho más medido. Estoy dispuesto a aceptar a cambio de esto, una ampliación en el plazo de prescripción de las demandas de los trabajadores, para que se asesoren adecuadamente. E incluso a pagar al empleado la consulta sobre su caso al bufete laboralista de su confianza.

5) Reducción de los gravámenes por beneficio empresarial. Ese dinero ya ha tributado IVA, ha pagado IRPFs, Seguridad Social, y además, volverá a tributar si alguno de los socios retira beneficios como parte, de nuevo, del IRPF. ¿No es esto bastante? ¿No está la empresa suficientemente penalizada ya? ¿No es mejor que la empresa pueda usarlo para financiar circulante, ahorrando así costes financieros, pagar salarios, o realizar inversiones?. La reducción de tipos del Impuesto de Sociedades es necesaria, el 80% de las empresas, que son pymes, no obtienen tan boyantes beneficios como muchos se piensan. Este gravámen contrae enormemente la inversión en bienes de equipo y restringe la actividad económica entre empresas. ¿Vamos a dejar ya de depender exclusivamente del consumo?.

6) Facilitar a las grandes corporaciones su inversión en I+D+i conjuntamente con pymes. No subvencionar pymes, sino incentivar los joint ventures entre ellas y las grandes empresas para llevar a cabo proyectos de inversión en Investigación y Desarrollo. Algo análogo a los “business angels” norteamericanos.

7) No generar discontinuidades en el mercado nacional, no creando pozos estancos en virtud de lenguas, exenciones o ventajas fiscales. Pero pozos que sólo son permeables en un sentido, el de las empresas externas a ese mercado, y no en el sentido contrario. Los estatutos permiten que haya empresas que jueguen con ventaja tan sólo actuando sobre la política lingüística. Todo esto de Mordor, Hamelin y Liliput está bien para la literatura. Para la economía (sobre todo para los que jugamos en desventaja), es una soberana majadería.

O dinamizamos el sector que más empleo y actividad genera, o no queda mucho oxígeno disponible en muchas pymes para continuar intentando sobrevivir, bocanada a bocanada de escasísimo aire. Estamos en crisis, sin duda. Una crisis que no es nueva y que no desaparecerá a partir del 9M, sino que se agudizará. Ya hay noticias de fuentes solventes que indican que se están bloqueando políticamente los concursos de quiebra o insolvencia. Pero esto dará en breve la cara, y no será para bien.

¿Queríamos medidas? Pues bien, aquí hay medidas. El panorama está feo, y no tiene visos de mejorar. Lo peor que se nos puede ocurrir es confiar en la inversión pública para que “tire” de la economía. Como si las empresas no estuviesen ya lo suficientemente laxas como para arreglarles lo de la sopa boba.

¿Quién se atreverá a ponerle el cascabel al gato?

Rog

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