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Cánon y Propiedad Intelectual


canon

Dice el sabio refranero que “a río revuelto, ganancia de pescadores”, y sin duda la SGAE ha sabido sacarle partido a tan certera reflexión.

El cánon digital y la propiedad intelectual nada tienen que ver. Nada. El cánon es un impuesto retrógrado que más recuerda a los diezmos medievales que a un elemento de acicate a la creación cultural y artística en el Siglo XXI. ¿Alguien puede creer que el cánon estimula la creación? ¿De verdad?. Veamos, almas cándidas, veamos.

Por favor, háganme una lista de las creaciones que ha estimulado el cánon repartido entre todos los que lo han cobrado durante estos años. Recuerden, el cánon no es nuevo, lleva tiempo siendo vilmente sustraído del bolsillo de los consumidores. Díganme qué ha creado últimamente Víctor Manuel (cuya gaita no suena ya ni en el lagar), o Ana Belén (que mejor se dedica a hacer anuncios de cosméticos proletarios, a base de esencia de caviar), o Fran Perea (paso de mencionar al manido Ramoncín). No, por favor, no me enumeren las películas de cine español porque esas, tienen subvención aparte. Además de esa subvención, las salas de cine tienen que, obligatoriamente exhibirlas (diezmo sobre diezmo sobre diezmo), con lo que los cineastas son los primeros que deberían estar poniéndonos a todos una alfombra roja al pasar en vez de llamarnos imbéciles.

¿Cómo pretende el señor Almodóvar cobrarme un cánon por grabar una película pagada con mis propios impuestos?. ¡ Claro, lo olvidaba, el cine americano!. Esa hidra poderosa con doce cabezas dispuesta a devorar todos los mercados a su alcance. De todos es sabido que, cuando el cine americano comenzó a caminar, fué fuertemente subvencionado por el Gobierno Federal de la star and stripes, ¿no recuerdan ustedes a Orson Welles rellenando formularios como un poseso en las oficinas de la Consejería de Cineastas de Winconsin para filmar Ciudadano Kane?. ¿Nadie es capaz de reconocer que Kubrik financió su Naranja Mecánica con un cánon sobre las gramolas?. Claro, así cualquiera.

 Tenemos que proteger a nuestros geniales creadores, o los malvados yankis enterrarán al cine patrio en el Guantánamo cinematográfico de la pérfida y consumista Hollywood. No es que sea malo y no queramos ir a esas divertidísimas y vistosísimas sesiones de sesudo y comprometido cine alternativo español (comprometido siempre con lo mismo, claro está), no, es que los yankis lo copan todo con alevosía, pues hacen un cine que nadie quiere ver, como se demuestra todos los años. Llevamos décadas tragándonos las paranoias de Woody Allen (a quien en su casa no aguantan) y aún no hemos aprendido lo guay que queda ese señor bajito con gafas, vestido de espermatozoide y dando brincos por un túnel que parece ser un coño, o algo así. Realmente el no comprender el paradigma evidente del espermatozoide es un inequívoco símbolo de imbecilidad. Preferimos ver la mierda del Señor de los Anillos a un cultureta psicodrama del universal manchego, partenaire de cogorzas nocturnas de un tal McNamara, insigne creador incomprendido donde los haya.

Pero el infame cánon, que bien cierto es que existe en bastantes países de Europa (¡Qué raro! ¿Europa estableciendo medidas proteccionistas e intervencionistas en un sector? ¿se habrán vuelto socialdemócratas? ¿o es que nunca dejaron de serlo?) no sólo no incentiva la creación, sino al contrario, la envenena. Un creador que sólo tiene que subirse a la ubre del mamoneo para seguir viviendo, digamos que carece de incentivos. Como cualquier empresa o trabajador que tenga la vidilla resuelta con su mes a mes garantizado. Exactamente igual. Apúntese a la SGAE y no hará falta que nos castigue con sus creaciones, mejor vivamos todos de la industria tecnológica y de los memos de los contribuyentes (imbéciles, creo que dijeron).

La propiedad intelectual es un derecho. Es la protección que cualquier creador honesto puede ejercer sobre su obra, que es el fruto de su talento y a la vez, su sustento. Si su obra no gusta, sólo él se enfrentará a las consecuencias. Si su genio es tan relevante que los ciudadanos demandamos sus creaciones, es el mercado el que le otorga el éxito. Tiene todo el derecho a disfrutarlo.

Mezclar este derecho democrático con las estrategias de las grandes distribuidoras es un error. Porque el problema, de nuevo, no es la propiedad intelectual, sino otra vez y en otra escala, todos los que quieren vivir de ella. Es cierto que Internet ha supuesto una revolución en las posibles estrategias de comercialización y distribución de las creaciones. Muy cierto. Pero también es cierto que emergen con fuerza sistemas de distribución adaptados a las nuevas tecnologías y a la demanda de los consumidores. Un ejemplo: iTunes. Por 0,9€ puedes descargar en tu PC, Mac o iPod, la canción que te guste de un autor o de un álbum. Sin virus, con seguridad y legalmente. Los días del Emule están contados. Y los autores, los que trabajan para sacar adelante sus vidas y sus proyectos, pueden sentir que su trabajo llega a todos de un modo más justo.

Bueno, al menos hasta que sus canciones han de ser grabadas en un Mp3 que ha tributado un cánon que, finalmente hará que Springsteen, Mercury, Yes, UB40, U2, Stones y demás hitos de la música, le paguen las risas a Fran Perea y su “chorba de al lado”.

¡ Que se metan el cánon por donde les quepa ! aunque, bien mirado, no sé si esto es bueno o malo para ellos.

Rog

NOTA: Oigo con excesiva frecuencia que bajar impuestos es una seña de identidad de los gobiernos de izquierdas. ¿Es que alguien ha enfermado por ahí o algo así?.

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