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La cigarra y la Hormiga


lafabula

Hay un manido dicho que señala que las comparaciones son odiosas. No por ello son menos necesarias. Las comparaciones definen y contrastan, de hecho, una de las técnicas narrativas que mejor ayuda a definir un personaje, es situarle al lado de otro que contraste fuertemente con su carácter. Es sin duda un recurso efectivo. Jane Austen, en “Orgullo y Prejuicio”, empareja a un irónico y flemático señor Bennett, con una histérica y compulsiva señora Bennett. Pareja cuyos caracteres quedan así mutuamente reforzados.

Samaniego contrapone los opuestos valores representados por la cigarra y la hormiga en su archiconocida fábula. Cuestión de valores. La didáctica de la actitud ante la vida. Y la enseñanza de que sólo uno mismo es responsable de su destino, forjándolo día a día con su esfuerzo y su disciplina. No cabe, pues, reclamar solidaridad a la hormiga, que tan duro ha trabajado, mientras la cigarra la observaba cantando, despreocupada, sin esfuerzo. La hormiga no niega la ayuda a la cigarra durante el invierno por ser insolidaria, sino por no ser idiota y resistirse a soportar otro verano escuchando cánticos mientras trabaja duramente. La hormiga es justa y razonable. Tiene todo el derecho a decidir sobre el fruto de su trabajo.

Nos rodean las cigarras. Durante el verano las oímos cantar con su desafinada cacofonía. Se ríen de las hormigas. Las insultan cuando defienden su derecho a decidir sobre el grano que con tanto trabajo han podido acumular en su hormiguero para su prole. Las detestan y las humillan. Se sienten superiores a ellas porque consideran que su talento, no siempre demostrado, está por encima del esfuerzo y del tesón.

En España, las cigarras viven gracias a un cánon que han conseguido imponer a las hormigas. A su lado (y por comparación) las hormigas se han unido, hastiadas por la caradura. Las mejores hormigas, las más fuertes, las más hábiles en buscar alimento, las más trabajadoras y las mejores soldados les han hecho frente y se han mostrado a los demás. Ejemplo vivo de lo que sólo el trabajo duro, la tenacidad y la constancia pueden conseguir. Marcan el camino correcto y honesto.

Como dije; cuestión de valores.

Cada cual se rodea de lo que más se le parece. Los vagos y demagogos de cigarras. Los que creen en el trabajo honesto y la dedicación, de hormigas. Fuera máscaras una vez más.

¿Prefieres mantener cigarras o seguir el ejemplo de las hormigas?. Tu decides.

Rog

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Categorías:Uncategorized
  1. febrero 20, 2008 en 12:48 pm

    Mirando a Samaniego desde el prisma actual, observo una variante, que hace que el cuento cambie. Ahora la cigarra puede, cuando le venga en gana, arrebatar el grano a la hormiga. Y no sólo ésto. Es capaz de adoctrinar a las hormiguitas baby para que le sigan suministrando grano sine die.
    Y todo esto con el aplauso cada vez más generalizado de la cada día más vacía trupe de insectos de jardín.
    Perplejo me veo. Pero es así.

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