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Zin norte ni ideaZ


zapatero

El pobre Jordi Sevilla, que tan amablemente se ofreció al avezado Zetapé para impregnarle en “par de horitas de una tarde” de los conocimientos necesarios en economía que le permitiesen gobernar un país como España, tiene que estar desolado al ver que su alumno se ha fumado la mitad del curso. Evidentemente, el resultado no puede ser otro en la confianza de la inversión extranjera, ni por extensión en la economía ni, obviamente, en los mítines con sus entregados ilustrados.

La ignorancia de Zetapé en el terreno de la economía (Micro, Macro y mediopensionista) tiene la capacidad de sorprender siempre. Lo cual resulta notorio, pues no cae siempre en los mismos errores, sino que su creatividad le permite desarrollar nuevos aspectos de su propia ignorancia. Esta especie de estulticia por rebosamiento sería la materialización más evidente de las teorías de Santo Tomás, aunque aplicadas en este caso a una deidad de mortadela y pan bimbo con topping de gominolas.

Su último reproche a sus adversarios políticos ha tenido como diana a Pizarro. Mal punching ball ha elegido nuestro máximo economista para lanzar sus dardos de blandi-blub.

Por fin ha desenmascarado al villano. Sabemos que el pérfido Pizarro sabe mucho más de salarios máximos que de salarios mínimos. Si yo fuese uno de los empleados de Pizarro, no se muy bien si preferiría que mi jefe supiese más de lo uno o de lo otro. Aunque sospecho que en mi caso particular, agradecería enormemente que fuese más versado en aplicar los máximos. Igual que me sucedería si fuese accionista con los beneficios, como así ha sido a pesar de los intentos de algunos de malograr el dinero de los ahorradores e inversores de cierta señera empresa.

Pero en el equipo socialista, aún no han calibrado muy bien (a pesar de que es algo conocido), los efectos de la elevación de los salarios mínimos. Porque en una compañía donde pueden permitirse tener en formación a cinco empleados de baja cualificación con un salario mínimo dado, lo más probable es que incrementar ese salario mínimo, digamos, en un 15%, conllevaría en la mayoría de los casos un despido de media. Es decir, casi un 20% más de desempleo en el rango más bajo de los costes salariales. Y para qué vamos a hablar de inflación si es de antipatriotas.

Mucho peor que saber sólo de salarios máximos, es no tener ni idea del efecto de la regulación de los salarios. Ver jugar a tu Gobierno con esas cosas, es como tener a tu lado a un descerebrado que quiere pinchar un globo de helio con un cigarrito para ver qué pasa. Cuando todo el mundo alrededor, sabe qué pasa y te lo esta diciendo: “Zetapéee, deja el globito de las narices que nos vas a quemaaarr…”.

Rog

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Categorías:Uncategorized
  1. fewibef
    febrero 12, 2008 en 10:09 pm

    Realmente, no se si este otro post es muy realista o no… pero va un poco en esta línea, que demuestra que el mayor peligro para un pais es tener al mando a álguien con tan poca personalidad… y tan poco de todo.
    http://www.elblogsalmon.com/2008/02/01-analisis-detallado-de-la-oferta-electoral-de-los-400-euros

    Un saludo.

  2. febrero 12, 2008 en 10:40 pm

    Gracias por el enlace, me parece un blog muy interesante y con planteamientos bastante razonados.
    Tengo mis dudas sobre la progresividad de la devolución de los 400 euros. Si consideramos progresivo nuestro actual IRPF, que contempla mayores porcentajes de carga impositiva para tramos mayores de renta, lo que hace que en términos absolutos (en valor de euros del impuesto), para mayores rentas sea sustantivamente mayor (y no igual, lo que supondría menos porcentaje de impuesto para tramos superiores), el concepto de progresividad es el exactamente el contrario.

    Si esa devolución es progresiva y justa, el IRPF es abusivo e injusto (lo cual creo a pies juntillas).

    Una de las diferencias fundamentales sobre la devolución de 400 euros y una reducción del IRPF es que mientras que devolver 400 euros tiene un coste definido, la reducción de impuestos puede no tener coste, y generar beneficio fiscal.
    Solbes ha criticado este punto, sin caer (o sin mencionar) el hecho de que una reducción de impuestos supone un incremento de la renta que impulsa el consumo de los ciudadanos a través del maravilloso mecanismo de no quitarles el dinero de su trabajo. Por eso es imposible calcular el coste de una reducción de IRPF, porque sólo se sabría lo que se dejaría de recaudar por este concepto, sin tener en cuenta el aumento de la recaudación en otros impuestos (IVAs, por ejemplo).
    Pero no solo eso, el gravamen de las empresas disminuye, lo que puede permitir una mejora en la rentabilidad e incluso un incremento de las inversiones o las contrataciones.
    400 euros son para tapar un agujero puntual. El IRPF es constante y para todo el año (empresas y empleados).

    Devolver 400 euros es mejor que no hacerlo. Pero es mucho mejor no quitárselos a los ciudadanos desde el principio.

    Rog

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