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Los cristianos de Esther Tusquets


Esther

Comenta doña Esther Tusquets en su artículo de opinión de El País.com de hoy Domingo, su perplejidad ante determinadas frases que le sorprenden, fundamentalmente por parte de personas conservadoras, acomodadas y con gran frecuencia cristianas. Vista así la entradilla, como quien dice “a bocajarro”, mi retorcida imaginación podría volar hasta un punto en que, torticeramente, interpretase un subliminal ánimo de asociar el término “cristiano” al acomodo y al conservadurismo. Y no sería así si no fuese por el hecho de que, frecuentemente, los católicos progres se autodenominan cristianos para distinguirse de los católicos “de toda la vida”, que como todos sabemos, militan en el más rancio nacional catolicismo ( bueno, no se si todos lo sabemos, “ellos” si lo saben ). Todo ello acompaña a la reciente y ferviente defensa de la Iglesia en favor de la familia cristiana, lo que ha dejado a unos cuantos sin saber muy bien qué decir ahora. Sin saber si manifestar su anglicanismo, su adhesión al Sufismo o vaya usted a saber, con tal de no coincidir con la caverna gestionada por Rouco. El caso es que desde este momento, “cristiano” es sinónimo de sospechoso cavernícola.

Doña Esther, en la más pura tradición progresista -EpC “Cum Laude”-, manifiesta que entiende las agresiones realizadas por gente humilde (se refiere a descalificaciones verbales sobre el hecho de poseer riquezas o bienes opulentos), por las “enormes diferencias que se dan en nuestra sociedad”. Pero no entiende que personas acomodadas (esos católicos conservadores de Trento, ya saben ustedes), puedan expresarse en ese sentido cuando echan en cara a un neoprogre que viva como el Barón Thyssen mientras habla de desigualdades y de lo malo que es este mundo. Y especialmente si el indivíduo es uno de los que ella califica como “intelectuales” (supongo que no se referirá a Pilar Bardem o Ramoncín, claro está), yo mismo he tenido este tipo de comentarios hacia el Señor Gala, que por derecho propio puede sentarse en el sillón de intelectual. Otra cosa es que comparta sus visiones.

Que el comentario se haga desde El País, también tiene su morbo. Pues fue la monográfica crítica que supo dedicarle su equipo de analistas políticos al recién llegado Pizarro, durante los días posteriores al anuncio de su inclusión el las listas electorales del PP, aireando los “dos mil millones” que cobró en concepto de indemnización al tener que dejar su empresa. Como siempre, coincidieron “sin querer” con los portavoces del PSOE. Aunque me decía mi abuelo, que una coincidencia es una coincidencia, pero cuando pasa permanentemente se convierte en costumbre. Costumbres ambas poco cristianas, incluso forzando su encaje en la Teología de la Liberación, que es muy progre.

La justificación de la agresión, sea cual sea su naturaleza, ya me ofrece una idea sobre los conceptos de legalidad y justicia que pueden rondar la cabeza de la señora Tusquets. Aunque he de confesar que no es el único caso en que la progresía justifica o respalda la agresión al adversario político o ideológico. Pasó en las algaradas del 14-M, pasó con el 11-S, pasa siempre que observan que los agredidos son otros o que así lo interpretan, y si son el objeto de sus iras dialécticas, pues mejor que mejor, se inventa uno un eufemismo, como “espontánea explosión de la justicia del pueblo” y a cortar cabezas, que es gratis.

Dice doña Esther haber leído más los Evangelios que a Marx, y en ello le aplaudo el gusto. Aunque no suponga esto ninguna novedad, incluso entre los Marxistas más acérrimos. Pero a fe mía que le ha hecho poco provecho. Emplea el episodio de los mercaderes del Templo como aval de su tésis, para cargar contra el supuesto “mercantilismo” de los conservadores. Confundir higos con brevas es también un rasgo de identidad muy marcado. El conservadurismo, la visión mercantilista, el libre mercado, el liberalismo y todos los demás “satanes” del imaginario de la secta, son cosas que pueden o no ir de la mano y además, no son sinónimas. Aunque en el saco entre todo por aquello de la confusión del Turco.

Lo primero que uno ha de hacer cuando decide pegarse una leída a cualquier pasaje de los Evangelios, es pensar en lo que tiene entre manos. Un texto modificado, generalmente traducido, redactado por seguidores de Jesús que, en algunos casos, refieren la historia escuchada, no vivida, y que emplea giros coloquiales y términos cuyo sentido en el contexto social de la Galilea del Siglo I, no es coincidente plenamente con el sentido que le otorgaríamos en el Siglo XXI.

El episodio de los mercaderes ha tenido múltiples interpretaciones por teólogos, cristólogos e historiadores. Y sus interpretaciones han variado desde lo que afirma doña Esther, a la afirmación de que suponía un ataque a las instituciones judías que dominaban la vida en Galilea, cuyo eje central era el Templo, casa del Sanedrín. Luego quizá, el énfasis sobre el comercio no sea tan importante como la crítica a la sociedad judía en sí misma. Pero esto sólo ofrece una visión alternativa a la interpretación dada en el artículo de opinión, que desde este punto de vista, adolece de cierta demagogia.

Pero insiste doña Esther en coger el rábano por las hojas con el tema religioso. Y párrafo a párrafo no hace más que reafirmar la necesidad de devolver los estudios de religión a la parrilla educativa de los colegios. Al menos para que los alumnos puedan criticar la religión y a la sociedad con cierta sustancia, sin cometer frivolidades como las expuestas por mi respetada redactora.

Afirma sin inmutarse que “Y a los cristianos ricos, que deberían sentirse, me parece a mí, aterrorizados, no se les mueve un pelo […]”. Ignoro por qué a un cristiano al que le ha tocado la bonoloto, o que ha sido excelente en su trabajo, se le deben mover los pelos, y aún menos, sentirse aterrorizados por motivos religiosos. Soy en cambio muy consciente de que estos mismos cristianos, si viviesen en el período de 1934 a 1936 sí debían, en cambio, sentirse aterrorizados, especialmente si residían en determinadas zonas de España. También se que no es el tema del artículo, pero me lo había dejado tan sumamente fácil que no he podido resistirme. Pero volviendo al tema, sólo puedo recomendar a doña Esther que continúe en su periplo evangélico y llegue hasta el episodio del encuentro de Jesús con el rico Zaqueo. La frase sobre el reino de los cielos, los ricos y el camello que pasa o no por el ojo de la aguja (abertura estrecha en una fortificación en este caso) puede no ser exactamente dicha para expresar lo que se comenta. Nada más lejos en el ánimo de Zaqueo cuando Jesús pisó su casa que el terror.

La última parte del artículo, es, con diferencia, la más jugosa. Sin duda porque viene a ofrecer inesperadamente una respuesta a la pregunta que la sagaz editora formula al comienzo del mismo. Es lo que sucede a veces cuando elevas el tono heróico y, ensalzando la virtud del hombre de izquierdas -¿no habíamos quedado que ya no eran marxistas?-, acabas con la picha hecha un lío (con perdón). Es una joya que me permitiré reproducir textualmente en sus partes más triunfales:

“No se trata de que los ricos repartan generosamente sus bienes, sino de establecer, por medios más o menos violentos, un sistema más justo”. Esto no lo voy a comentar, porque no tengo sitio en toda Internet para desarrollar el argumento al completo. Pero quiero señalar la hipocresía de quienes, defendiendo la paz a capa y espada por encima de toda consideración humana, y los derechos humanos, y bla, bla, bla, son capaces de decir una cosa así. Sobre todo porque lo que se llama “sistema más justo”, no es ni más ni menos que el genial marxismo. Volvemos a justificar la violencia y en este caso, no por una tiranía opresora que tortura y somete a sus víctimas, sino contra el que tiene un bienestar por encima de lo que alguien considere “socialmente aceptable”. ¿Serán las cosas del “talante”?.

Otra de las perlas dice así:

“[…]Y, cuando se trata de un hombre rico, esta lucha [la lucha por un orden más justo, menos brutal y menos insensato] va contra sus propios intereses. A esos tipos tan criticados por sus casas y sus coches y sus yates les sería más favorable militar y votar en un partido de la derecha. Pero no lo hacen y ahí radica su coherencia[…]”.

Dios mío, ¡ no siento las piernas !. He intentado buscar en estos párrafos algo que no sea un tópico de asamblea de rojetes exaltados de EGB y, oye, ni una sóla coma. Veamos, señora Tusquets, ¿de dónde saca usted que la lucha por un orden más justo y menos brutal va contra los intereses de un ciudadano normal, aunque sea rico? ¿No se da cuenta que incurre en el defecto que tan sesudamente denuncia al comienzo?. Puede usted decir, que un ciudadano no tiene el concepto de justicia que usted tiene. Que para mí, por ejemplo, la igualdad no es ningún valor si no se trata de la igualdad ante la Ley. Y que un ciudadano cualquiera, puede no querer ser igual, y debe tener todo el derecho a no serlo, pues así es la esencia del ser humano; la diversidad. La igualdad siempre está cualificada, y no es en sí un valor positivo ni negativo. ¿Igualdad de qué, doña Esther?.

¿Y quién le ha dicho a usted, que el rico medra más con la derecha que con la izquierda, doña Esther?.

Ande, váyale con ese cuento al señor Roldán.

Rog

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Categorías:Uncategorized
  1. Un ciudadano cualquiera
    enero 30, 2008 en 1:02 pm

    “¿Y quién le ha dicho a usted, que el rico medra más con la derecha que con la izquierda, doña Esther?”

    No, seguramente medran igual, la diferencia es que uno de ellos tiene siglos de práctica, y generaciones amasando fortuna por medios ilícitos en ocasiones, a sus espaldas y al otro se le nota más, porque no está “tan acostumbrado” a hacerlo.

    Lamentablemente a mí también me falta espacio para comentar todo el absurdo de este blog

  2. julio 2, 2013 en 6:20 pm

    Awesome issues here. I’m very glad to look your article. Thanks a lot and I am taking a look forward to contact you. Will you please drop me a mail?

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