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La Pepa (I): El tocomocho


elanimalitoJabba

Bien, es lo que necesitaba para ponerme en marcha. A veces no hay nada como una espuela para que te pongas a correr la carrera. Y es que esta semana, el especímen de la foto (no, no es “Jabba the Hut”, es un señor), ha tenido a bien manifestar que los españoles, por el hecho de serlo, somos unos chorizos. Todo ello después de que, según la Sindicatura de Cuentas de la Generalitat, se descubriera que había trincado indebidamente más de cuarto de millón de euros previo a que llegara el tripartito al gobierno. Trinque en concepto de indemnización ilegal por su baja en TV3 (esa televisión que tiene a bien hacer apología de pistoleros para regocijo de los neonazis de siempre, esa). Ese cuarto de millón de Euros es la derrama que este ejemplar patriota de los Països, ha restado según un solvente organismo auditor, de las infraestructuras de todos los catalanes. Como se puede comprobar, una de las pocas situaciones en las que personalmente podría sentirme sospechosamente incómodo como español, es si contase con el aprecio de semejante sujeto.

Pero casos patológicos aparte, el tema de hoy no es (nunca podría ser) aquello que fluye de esa especie de tanque de aguas negras que este caballero debe tener alojado en la cavidad encefálica. Sino el juego trilero que los nacionalistas se traen con la Nación en el preámbulo, en el epílogo, o en el Nodo de las películas. Donde se pueda. Porque una vez más, esta cruz que tenemos los españoles en forma de coñazo periférico permanente, nos toma por tontos. O por lo menos, eso intenta.

Mencionaba en el artículo anterior al la Constitución de las Cortes de Cádiz de 1812 y su “espíritu”. Y diferenciar el “espíritu” de lo que podrían ser sus defectos formales y las circunstancias de su contexto es importante. Esta Constitución es una prueba histórica más, de que los avances más importantes en términos de libertad en España, han venido siempre (o casi siempre), de la mano de los cuasi ausentes (en términos de iniciativa política de partido) liberales. Pero esto es sólo un pequeño inciso en el hilo argumental.

La “Pepa” (llamada así por ser promulgada el 19 de Marzo, día de San José), fue una Constitución de un denso articulado (384 artículos en 10 Títulos) frente a nuestra actual Constitución. Su articulado fue fruto del consenso entre liberales y absolutistas (liderados por Jovellanos), un interesante precedente de cara a comprender la esencia del diálogo y la múltiple cesión entre distintas formas de ver la sociedad que permitió a su vez concluir nuestra actual Carta Magna de 1978. La influencia de la Constitución Francesa de 1971 (deliberadamente difuminada en el articulado, por el rechazo al invasor) y de la Americana de 1787, cuyo sistema político difundiría posteriormente en Europa Alexis de Tocqueville, hizo que sus contenidos fuesen revolucionarios en su época. La desconfianza liberal respecto a las intenciones de la Monarquía absolutista es la razón fundamental de la cantidad de artículos que contiene, pues contiene casi hasta la Ley Electoral.

Constitución de 1812, Artículo 1.

La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios“.

Esta definición de nación, alude a una comunidad de personas como consitutiva de la misma, de acuerdo a la primera definición de dicho término en el DRAE. Es la acepción política del término “Nación”.  Quedaba aún por definir quiénes son los españoles, sucede un poco más adelante. Fijémonos en que, a pesar de ser uno de los avances históricos en lo referente a libertades individuales, ni por asomo aparece el término “sentimiento”, tradición, lengua, costumbres o folklore. Eran tipos listos estos liberales.

Constitución de 1812, Artículo 5.

Son españoles: Primero. Todos los hombres libres nacidos y avecindados en los dominios de las Españas, y los hijos de éstos.”

La Nación, pues, en su acepción política, se apoya en la existencia de un territorio. La Pepa, otorga la Soberanía a esa Nación en su Artículo 3. Vuelve a estar ausente cualquier alusión a lengua, sentimiento, costumbre, trajes regionales, etc…

La Soberanía reside esencialmente en la nación [comunidad de hombres libres nacidos y avencindados en los dominios de España, y sus hijos -arts 1 y 5-] y por lo mismo, pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales“.

Obviamente a través de un sistema de representación descrito en el articulado.

Acabamos de describir el concepto político de Nación, tal y como especifica también nuestro actual Diccionario de la Real Academia en su primera acepción. Pocas dudas, pues, pueden quedar, acerca de qué era la Nación española, quiénes eran los españoles y en qué ámbito se debían tomar las decisiones de orden legislativo. En el más puro estilo de la tradición Constituyente, éste es el sentido que tiene el término “nación”. Nuestra vigente Constitución de 1978, al igual que la de 1812, hace residir la soberanía nacional en el pueblo español. Y emplea la palabra Nación con exactamente el mismo sentido.

Paralelamente a lo anterior, el término “Nación” en nuestro diccionario tiene otras acepciones. Entre ellas la siguiente:

Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común“.

Esta acepción del término nación, diferente de la anterior, define el sentido de nación en términos de territorialidad y elementos culturales que componen una tradición y un dialecto o lengua. Es sin duda éste sentido de la palabra el que más se presta a subjetividad, pues la aceptación de la tradición es subjetiva, y aún estando inmerso en una sociedad con determinadas tradiciones, un indivíduo (o grupo), puede no adoptarlas, con lo que quedaría arbitrariamente excluído del concepto de nación, tal y como se manifiesta en la definición última. Por este motivo, porque el sentimiento es subjetivo y caprichoso, las Leyes no suelen incluir este tipo de consideraciones. Uno es andaluz porque nació en Andalucía, o porque reside allí de forma permanente desde hace tiempo, pero no porque le guste o no la feria de Sevilla, la Semana Santa o hable con o sin “seseo”. Aunque se consideren estos elementos como configuradores de una hipotética “identidad” en los ámbitos nacionalistas. Puedes ser, pues, un ciudadano andaluz sin ser natural de Andalucía. Como puedes ser un ciudadano español sin ser natural de España y sin compartir con los españoles tus usos y costumbres.

La trampa nacionalista consiste aquí en considerar exclusivamente la acepción más subjetiva y sentimental de nación, para subvertir el auténtico sentido político y constituyente empleado en la Carta Magna. Esta trampa, como es lógico, sólo puede tener efecto con la ayuda inestimable de un chantaje. Chantaje materializado a través de la representación legítima en unas Cortes donde, de ser cierta la tésis nacionalista, los nacionalistas no deberían tener representación política. Y donde, si la tienen actualmente, su presencia es la prueba irrefutable de que son ciudadanos españoles de pleno derecho y por voluntad propia. Pero adicionalmente, la Consitución no reconoce ninguna otra soberanía que no sea la del pueblo español, tal y como sucedía con la Constitución de Cádiz. Con lo que los denominados hábilmente (todo esto es un problema de oportunismo semántico) “ámbitos de decisión”, son una tremenda falacia.

De modo que, desde el punto de vista político, sólo existe una nación, la Nación española, constituida por todos los ciudadanos españoles y en los que reside la soberanía nacional, es decir, la capacidad de legislar a través de sus representantes en las cámaras.

El resto es sólo una mentira. Un timo. Tocomocho. Mentira que sólo pretende poder gestionar crecientes cantidades de Presupuesto que estamos pagando entre todos los que tenemos el derecho real de legislar; los españoles y punto.

Me queda un punto más a comentar. El “derecho” a ser lo que uno quiere o a sentirse como uno quiere. Por emplear uno de los ejemplos a los que tan aficionado soy. El patito feo del cuento se sentía como un pato feo. Pero no era un pato feo. De hecho no era siquiera un pato. No era libre de ser un pato porque no estaba en su mano serlo. No es, pues, una cuestión de libertad o de libre elección. Asímismo quería ser un bonito pato como sus hermanos. Pero no podía, porque como dije, de entrada no era un pato. Lo que uno siente que es y lo que quiere ser, en los términos que he manifestado, no son una cuestión de libertad individual. Son cuestiones de otra naturaleza. Los sentimientos no son fácilmente gobernables, y nuestros anhelos, en muchos casos, tampoco. Pero volviendo al ejemplo. El patito feo era un cisne, aunque no se sentía como cisne ni ansiaba ser un cisne. Nació cisne del huevo de una pareja de cisnes, ¿qué le vamos a hacer?. Es inevitable.

Dicho lo anterior, un ciudadano español puede decidir dejar de serlo y adquirir otra nacionalidad (si las leyes del otro país se lo permiten, para lo que debe existir, políticamente, ese país). Este derecho, jamás puede contravenir la definición de la Nación española ni la Soberanía de sus ciudadanos sobre los aspectos legislativos aplicables en TODO el territorio español. Es decir, puedes dejar de ser un pato, un cisne o un martín pescador y hacerte ornitorrinco si lo deseas. Hasta ahí llega la cosa. Lo que no quiere decir que los patos se tengan que dejar robar la cartera.

España es, Constitucionalmente y en la actualidad, el territorio común de todos los españoles. Y los que no quieran serlo, tendrán siempre las puertas abiertas en los pirineos para hacerse, si les place, monegascos. Porque Cataluña, Valencia, Pais Vasco, Galicia y Andalucía son también mi país y sus ciudadanos, mis conciudadanos.

Al menos hasta que una mayoría abrumadora de TODOS los que podemos opinar, decida que no debe ser así y quede reflejado en nuestra Constitución. Los preámbulos dirán lo que la aritmética parlamentaria determine para que alguien siga sentado en su silla. Pero esos preámbulos no los he votado, de modo que ni los reconozco, ni los acepto, ni considero que son más que una burda trampa.

Y me importa un huevo lo que diga el TC, porque la Consitución dice, que sobre ese tema, el que suscribe también es Soberano y nadie me preguntó.

Rog

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Categorías:Uncategorized
  1. María
    enero 24, 2008 en 2:32 pm

    Uffff!!! No sé cómo con lo valioso que es el tiempo, y especialmente el tuyo, lo pierdes de esa manera. Seguramente tienes otras cosas mucho más divertidas de las que ocuparte, o más importantes. Te lo digo con toda simpatía. Y te lo digo desde el “territorio” que es objeto de tus pesares.

    Te leo porque me gusta estar informada de la visión que otros tienen sobre las cosas, no porque esté o no de acuerdo con lo que escribes. Eso es lo de menos en este caso. Pero me gustaría decirte, si me permites, que no te obsesiones con este tema. Tal vez tu visión coincida con la de muchos que ven este “territorio” desde fuera. Pero yo voy a decirte algo desde “dentro”.

    A la inmensa mayoría de los catalanes (los que nacieron y viven en este “territorio”) todo eso que tanto te preocupa les da absolutamente igual. ¿Sabes qué quiere la gente? Vivir tranquila, tener trabajo, que sus empresas funcionen, darles lo mejor a sus hijos y disfrutar lo que puedan de la vida.

    La inmensa mayoría de los que viven en este “territorio” no pierden su preciado tiempo en esas trifulcas. Eso es un debate “de los políticos” y esa clase está, también desgraciadamente, muy devaluada entre la población. Lo contrario sería tener una percepción distorsionada de la realidad, entendida ésta como el devenir diario de sus gentes.

    En la sociedad catalana no existe el debate que tú planteas. Eso es ficticio. Nadie discute ya en la calle ni en las tiendas, ni en las casas, ni en las reuniones de amigos, y estoy por decirte que ni en los círculos políticos informales, el concepto de nación. Y digo nadie, porque quien lo hace es una “minoría inapreciable”,como dirían las encuestas, aunque a veces hagan mucho ruído. Por mucho que algunos personajes de la vida pública se empeñen en decir lo contrario.

    ¿Sabes qué les molesta a los catalanes, a los de origen y tradición, porque al resto tampoco les interesa? (de eso podríamos hablar otro día) Que su lengua no se pierda, que sus costumbres sean respetadas, que su carácter emprendedor y los logros conseguidos gracias a él no sean menospreciados como lo son en otros lugares de España. Pero de esa imagen también son culpables los políticos catalanes.

    ¿Cuál es la cruz de esta sociedad? Desgraciadamente, no tener una clase política que esté a la altura de sus habitantes. Pero ése, es un problema que padecemos todos los españoles.

  2. enero 24, 2008 en 7:12 pm

    Estimada María.
    Eata es una de las cosas que ocupan mi pensamiento, son objeto de mi interés. No considero que pierda tiempo con ello.
    No hay territorio objeto de mis pesares. Sólo el oportunismo nacionalista es objeto de mi crítica. Este oportunismo no se da sólo en un lugar, sino en muchos.
    Yo no he hecho encuestas sobre lo que la gente quiere, me ciño a las únicas encuestas fiables que puedo tener, los resultados electorales. Los gobiernos de ciertos territorios tienen un claro tinte nacionalista, con lo que no creo estar criticando a ningún fantasma inexistente. Al contrario.
    Ya hay convocados dos referéndums de autodeterminación. Eso no es ningún espejismo mío. No sé por qué insistes en ignorar esta realidad.
    Esa inmensa mayoría de la que hablas, no se refleja en absoluto en el Parlament. A lo mejor es que no estoy tan desenfocado. El texto del Inconstitucional Estatut fue aprobado por el 90% de la cámara.
    En la sociedad catalana existe el debate y es efervescente, otra cosa es que, según he podido comprobar gracias a tus indicaciones sobre leer otros medios, hay medios que lo obvian, como por ejemplo La Vanguardia. O lo disfrazan. O piensan que si no hablan de ello, sus lectores tendrán otra percepciónn distinta. Pero hay noticias que en determinados medios están siendo deliberadamente borradas de la cabecera. Eso tiene un nombre muy malito. Un ejemplo, el despido de una prestigiosa periodista de un medio de comunicación porque trabajaba en español. Hay medios que ni lo mencionaron. Como te dije, una cosa fea fea.
    El carácter emprendedor no es exclusivo de cataluña, ni mucho menos. No creo que Madrid carezca de ese carácter. O asturias, o el País Vasco. Que la lengua se pierda no es excusa para una política represiva de inmersión lingüística, que el tripartito ejerce contra los ciudadanos que emplean la lengua española (multas a comerciantes, campañas en Internet contra productos etiquetados en español, eliminación paulatina del español en las aulas, comisarios que vigilan los recreos para comprobar qué lengua se emplea. En fin, no pasa nada.
    Ignorar los problemas o mirar para otro lado, no los resuelve, sólo hace que fermenten.
    La cruz, es, desgraciadamente y en este aspecto, el nacionalismo. Los políticos son, simplemente, un mal necesario y en nuestro sistema, han de estar ahí. El nacionalismo es perfectamente prescindible.

    Lamento contradecirte, el debate está ahí y sólo hay que escoger bien los medios donde se habla de las noticias, no donde se ocultan las mismas a los lectores.

    Un Abrazo.
    Rog

  3. María
    enero 24, 2008 en 11:29 pm

    Pues…aquí estoy de nuevo, Rog. Es difícil rebatir el discurso de alguien que tiene unas ideas profundamente arraigadas, como es tu caso, y cuando partes de una posición ideológica explicitada en repetidas ocasiones. Y es difícil porque creo que el esquema que utilizas para rebatir es erróneo y nos tiende, a los que no estamos de acuerdo con lo que dices, algunas trampas que por supuesto no creo que sean intencionadas.

    Opino que ese esquema es erróneo porque comienzas dando por sentada una teoría y luego le sumas una serie de elementos que pretenden darle validez y realidad. Pero yo creo que para decir que algo es efectivamente de una determinada manera requiere que sea planteado, en primer lugar, como una hipótesis. Después hemos de ir a ver si eso que hemos planteado como una posibilidad se cumple, a la vista de hechos absolutamente demostrados. Y es muy probable que en ese camino, entre la hipótesis y la tesis, puedan darse variables que modifiquen el planteamiento inicial.

    A partir de ahí podemos debatir si esa tesis es mejor o peor, si es blanca, negra o amarilla. Y aunque los temas políticos se prestan a ello, no podemos poner todos los ingredientes en una batidora y si salen de color blanco decir que el cóctel está hecho de leche, porque a veces, muchas, los cócteles de melón también salen blancos sin necesidad de llevar leche.

    La inmensa mayoría de la que hablo, existe. Un altísimo porcentaje de esa inmensa mayoría no acude a votar en las consultas electorales. Otro porcentaje vota lo que considera menos malo. Y otra observa, no sin escepticismo, cómo los partidos a los que votó cambian de rumbo o navegan ante determinados temas para no perder a esos aliados que le han permitido acceder al poder. Esto también sería objeto de un largo debate. Pero de eso a que se pase a mayores hay todo un abismo. Y aquí voy a hacer política-ficción(que yo aviso ¡eh!). Estoy convencida de que el nuevo Estatut no va a desarrollarse nunca. El nuevo texto es de tal magnitud intervencionista en todos los sectores sociales y económicos, que difícilmente habrá acuerdos que posibiliten el desarrollo de las leyes necesarias para su desarrollo.

    Me alegra que hayas aceptado mi sugerencia de leer medios de comunicación de ideología diversa. Hoy en día, los medios no están en su mejor momento, todo hay que decirlo. La vieja y muy honorable teoría de la objetividad por encima de todo ha dejado paso a la cuenta de resultados y al “quién te ha dicho a tí que la objetividad existe”. Pero has ido a poner un ejemplo no muy acertado. El diario que nombras ha sido siempre ejemplo de diario conservador. No diría yo que obvie temas o debates que estén en la sociedad. ¿Y en qué te basas para decir que otros disfrazan noticias o situaciones que según dices se dan en la sociedad catalana? Si dices eso es porque los has comparado con otros. ¿Esos otros sí reflejan objetivamente la realidad? Creo que el esquema vuelve a fallar.

    Y por último, un hecho incuestionable. Yo vivo aquí y estas cosas las veo, las palpo, las estudio, las discuto e incluso, no pocas veces, las sufro. Digamos que algo de ventaja en esto sí debo tener…¿o no?

    Siento que haya salido semejante ladrillo.

    Un abrazo, Rog

  4. enero 25, 2008 en 1:58 am

    María. Todos partimos de una posición ideológica, creo que no he entendido muy bien que valor tiene esa afirmación en referencia a mi texto o al desarrollo del argumento.

    Algunas personas tenéis un tic que me parece muy desafortunado, y es que ni siquiera os planteáis qué se está diciendo, sino quien. Y con eso os basta para emitir un juicio sobre lo que se ha dicho. ¿podrías rebatir lo expicado sobre el concepto de Nación, por ejemplo?, es que el tema era ese y no la mayoría silenciosa que se encuentra inane en Cataluña.

    Si dices que el esquema que empleo es erróneo, tendrás que explicar en qué es erróneo y por qué, tal y como yo he intentado argumentar.

    Hablas de trampas y no las señalas. ¿Es este un concepto justo de lo que es un debate?.

    Efectivamente es incuestionable el lugar donde vives, pero no lo es menos que muchas otras personas que viven en el mismo lugar que tu vives, opinan bien distinto y su relato de las cosas que les suceden a ellos, no veo por qué tiene que tener menos valor que el que tu misma puedas hacer de las que a tí te suceden. Es algo que deberías explicarme con más detalle, pues no me parece lógico.

    Tampoco vives en otros países cuya lejanía es notoria, sobre los que también opinas (como hago yo mismo) sin aplicarte esta misma teoría que quieres aplicarme a mí, hace poco hemos hablado sobre cuestiones referentes a esto.

    Te fijarás pues que no has rebatido nada de lo que he dicho, sino que sólo intentas invalidar mi capacidad de emitir opiniones sugiriendo irracionalidad, nulo fundamento (sin especificar en qué) y apelando a que tus puntos de vista (sin especificar), por motivos exclusivamente de cercanía, son más auténticos.

    Me pides que en un debate donde debería prevalecer la razón, haga un acto de fe. Para ello apelas a la autoridad que otorga estar allí.

    De todos modos y volviendo al tema que me ocupa, no he hablado exclusivamente de Cataluña, insisto, estoy fundamentando mi rechazo a las tésis nacionalistas.

    Sólo respóndeme a dos preguntas cuyas respuestas son binarias (Si o No), ya que insistes en que sobre el tema particular de Cataluña y los medios (que no era el objeto de mi texto, aunque así lo hayas entendido):

    1 – ¿Existe la posibilidad en Cataluña de escolarizar un niño en español, siendo esa su lengua materna?.

    2- ¿Se pregunta a los padres en qué lengua quieren escolarizar a sus hijos?.

    Como verás, sólo hay que decir Si o No. Ya sé lo fácil que puede llegar a resultar la lengua catalana si te interesas un poco por ella, pero no es esa la pregunta. Quiero saber, si algún día tengo que buscarme la vida en Cataluña, si mis hijos podrán estudiar en español, nada más.

    Un Abrazo.
    Rog

  5. María
    enero 25, 2008 en 9:31 am

    “Algunas personas tenéis un tic que me parece muy desafortunado, y es que ni siquiera os planteáis qué se está diciendo sino quién.”(rograbbit)

    Si he intervenido en este comentario tuyo ha sido porque he tenido en cuenta ambas cosas, lo que se decía y quién lo decía. Si hubiera sido de otra forma yo sí tengo claro que no hubiera perdido ni un minuto de mi preciado tiempo.

    Creo que ya me he extendido demasiado. Nada de lo que pueda añadir aportaría nada enriquecedor al tema.

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